Los miembros de la familia Habsburgo, una de las dinastías europeas más antiguas y poderosas, compartían un rasgo físico característico transmitido de generación en generación: la prognatismo mandibular, popularmente llamado “scucchia” o barbilla de los Habsburgo. Este rasgo genético, visible en sus retratos, hacía que la mandíbula sobresaliera notablemente.
Lejos de considerarse una deformidad fea, la “scucchia” no impedía que sus portadores fueran percibidos como atractivos. Un ejemplo es María Antonieta, la reina de Francia ejecutada durante la Revolución, cuya barbilla prominente no le restó el reconocimiento como una de las mujeres más bellas de su época.
El origen de este rasgo se atribuye al alto grado de consanguinidad dentro de la familia, que reforzó la transmisión del carácter mandibular a lo largo de los siglos.