La lavandería en siglos pasados
En los siglos anteriores, lavar la ropa no era una tarea sencilla. La escasez de agua en los hogares obligaba a la gente a acudir a fuentes públicas, lo que ya representaba un inconveniente. A esto se sumaba el elevado precio del jabón, un bien que las familias de menores recursos apenas podían permitirse.
Por ello, exhibir ropa y ropa interior limpias se convirtió durante mucho tiempo en un privilegio reservado a la nobleza y a los ricos. No es de extrañar que, por ejemplo, la fastuosa corte de Versalles en el siglo XVIII estuviera marcada por una suciedad sorprendente (ver fuente).
Para reducir gastos, la clase trabajadora utilizaba durante mucho tiempo el ranno, una solución casera elaborada a base de ceniza o incluso orina, en sustitución del jabón.
La construcción de redes de tuberías en el siglo XIX mejoró la disponibilidad de agua, pero no fue hasta el siglo XX cuando la higiene personal cotidiana alcanzó niveles realmente satisfactorios.