Introducción
Durante el Imperio napoleónico, las condiciones de vida en la campiña francesa experimentaron una notable mejoría, especialmente en lo relativo a la alimentación. Los campesinos empezaron a disfrutar de ciertos lujos que, hasta entonces, les eran inalcanzables.
Mejoras en la dieta cotidiana
Aunque la frugalidad siguió siendo una regla, la dieta diaria se enriqueció con nuevos sabores y platos más sustanciosos. La sopa de verduras, base de la mesa, pasó a incluir queso, manteca de cerdo, a veces pollo y, en las zonas costeras, pescado.
El pan siguió siendo el pilar de cada comida. Se elaboraba mezclando trigo, centeno y cebada, una preparación conocida como mouture. Además, el consumo de vino, cerveza y sidra se volvió habitual en los hogares rurales.
Persistencia de costumbres nocivas
Sin embargo, no todo fue progreso. Persistieron prácticas peligrosas, sobre todo en el endulzado de alimentos. Se utilizaban sustancias tóxicas como cal, tierra, salitre e incluso arsénico. En ocasiones se añadía vinagre de vitriolo y a la cerveza se le incorporaban sales arsenicales, poniendo en riesgo la salud de la población.