Las mantarrayas no son depredadoras activas; su dieta se basa principalmente en pequeños invertebrados y peces. No obstante, poseen un aguijón venenoso con púas en la cola que utilizan como mecanismo de defensa cuando se sienten amenazadas.
¿Cómo funciona el aguijón?
Al penetrar la piel del agresor, el aguijón inyecta un veneno potente que puede provocar dolor intenso, inflamación, náuseas e, incluso, la muerte en casos extremos. El veneno contiene neurotoxinas, agentes hemolíticos y inhibidores de fosfodiesterasa, los cuales alteran la función nerviosa, destruyen glóbulos rojos y provocan espasmos musculares.
¿Cuándo ocurre la picadura?
Las mantarrayas solo utilizan su aguijón cuando se sienten acorraladas o en peligro; no son criaturas agresivas por naturaleza. La picadura rara vez es mortal, salvo que dañe un órgano vital o cause una pérdida de sangre significativa.
Riesgo para los humanos
Los encuentros con mantarrayas suelen ser accidentales: personas que pisan inadvertidamente el fondo marino o las provocan al nadar en aguas poco profundas. Para reducir el riesgo, se recomienda caminar arrastrando los pies en zonas donde puedan estar presentes, evitando así pisar directamente sobre ellas.