1. Mejora del poder de fuego y la tecnología de armas
En el último tercio del siglo XIX se produjeron importantes avances militares. La invención de la ametralladora, los fusiles de cargador por la parte trasera y la artillería de mayor alcance aumentaron la cadencia de tiro y la precisión. Estas armas podían devastar formaciones densas, generando enormes bajas.
2. Falta de avances médicos
La medicina de la época estaba muy limitada. No existían antisépticos ni antibióticos, y las cirugías eran rudimentarias. Las infecciones se propagaban rápidamente y el tratamiento de heridas era ineficaz, lo que elevó la mortalidad entre los soldados.
3. Condiciones sanitarias deficientes
Los campamentos y hospitales militares solían estar superpoblados y carecían de higiene adecuada. Estas circunstancias favorecían la propagación de enfermedades como la fiebre tifoidea, el cólera y la disentería, provocando epidemias mortales.
4. Limitaciones de transporte y logística
Los medios de transporte eran lentos y difíciles, lo que dificultaba la evacuación rápida de los heridos. Muchos soldados morían antes de llegar a un centro médico o sucumbían a sus lesiones durante el traslado.
5. Errores estratégicos y tácticos
Algunos comandantes cometieron decisiones equivocadas, como ataques frontales sin cobertura, uso inadecuado del terreno o falta de inteligencia. Estas fallas obligaron a sacrificar a gran número de tropas de forma innecesaria.
6. Ausencia de legislación internacional
En aquel momento no existían convenios internacionales que regulasen la conducción de la guerra. La falta de restricciones permitió el uso indiscriminado de tácticas y armas, incrementando la brutalidad de los combates.
7. Sitios prolongados y guerra de trincheras
El siglo XIX vio el surgimiento de la guerra de trincheras, con enfrentamientos prolongados en posiciones fortificadas. Los intensos bombardeos de artillería y los combates cuerpo a cuerpo generaron altas cifras de muertos y heridos.
En conjunto, la combinación de armas más mortíferas, la escasa capacidad médica, las malas condiciones de higiene, los fallos estratégicos y los asedios prolongados provocó bajas extraordinariamente altas en los conflictos de finales del siglo XIX. Estas tragedias impulsaron, más tarde, la creación de normas internacionales destinadas a limitar el sufrimiento humano en la guerra.