Las Montañas Rocosas: el mayor desafío
Las Montañas Rocosas representaron el obstáculo más importante para la expedición de Lewis y Clark.
Cuando partieron de St. Louis en 1804, ya habían escuchado relatos sobre la imposibilidad de atravesar esas cumbres. Meriwether Lewis llegó a escribir que “las Montañas Rocosas podrían resultar impracticables”.
Por el contrario, William Clark, que había explorado ya parte de los Rockies del norte, se mostraba optimista: “No tengo temor a las montañas, siempre que puedan ser cruzadas a pie o a caballo”.
Sin embargo, la realidad pronto demostró lo contrario. El terreno era abrupto y rocoso, obligando a los hombres a cargar sus canoas y provisiones por caminos empinados.
El clima también complicó la travesía. Además de la nieve y el aguanieve, los vientos helados azotaban constantemente al grupo.
Durante el paso, la expedición se encontró con varias tribus nativas que, al principio, mostraron hostilidad.
A pesar de todas estas dificultades, el cuerpo de exploradores perseveró. El 12 de agosto de 1805 alcanzaron la cumbre de la División Continental y, desde allí, divisaron por primera vez el Océano Pacífico.
Superar las Montañas Rocosas no solo fue la fase más ardua, sino también la más decisiva, pues abrió el vasto territorio del oeste estadounidense a futuras exploraciones y asentamientos.