Introducción
La afirmación de que "las personas pobres son más honestas que las personas ricas" es una generalización sin fundamento sólido y perpetúa un estereotipo.
La honestidad no depende exclusivamente del nivel socio‑económico; el carácter moral varía ampliamente entre los distintos grupos sociales.
El comportamiento ético está influenciado por factores como los valores personales, la educación, las normas sociales y las decisiones individuales, más que por la cantidad de dinero que se posea.