La Marcha de la Muerte de Bataan fue un episodio trágico de la Segunda Guerra Mundial que tuvo lugar en Filipinas, donde soldados estadounidenses y filipinos fueron obligados a caminar bajo condiciones inhumanas después de la rendición ante las fuerzas japonesas.
Aunque el estado de Nuevo México no participó directamente en ese acontecimiento, varios ciudadanos y militares originarios de Nuevo México formaron parte de las unidades que combatieron en Filipinas y, por ende, algunos de ellos fueron víctimas de la marcha.
Por ello, la Marcha de la Muerte de Bataan tiene un significado histórico y conmemorativo para Nuevo México: se recuerda a los habitantes del estado que perdieron la vida, se honra su sacrificio y se utiliza el episodio como enseñanza sobre los costos de la guerra.
En las escuelas y ceremonias conmemorativas de Nuevo México se menciona este episodio, reforzando la conexión simbólica entre el estado y el suceso, aunque no exista una relación directa de operaciones militares.