El contexto y la preparación
El 16 de julio de 1945 los EE.\u00BAU realizaron con éxito la primera prueba nuclear en el desierto de Nuevo México. Nueve d\u00EDas despu\u00E9s se orden\u00F3 lanzar la primera bomba at\u00F3mica tan pronto como el clima lo permitiera, con objetivo entre Hiroshima, Kokura, Niigata y Nagasaki. El 509.º Grupo Mixto, bajo el mando del capit\u00E1n Paul Tibbets, fue entrenado especialmente para la misi\u00F3n y se traslad\u00F3 en junio a la isla de Tinian, donde se encontraba la mayor base a\u00E9rea del mundo.
“Little Boy”, gran desastre
A principios de agosto se incorpor\u00F3 la bomba de uranio apodada “Little Boy” y, unos d\u00EDas despu\u00E9s, la bomba de plutonio conocida como “Fat Man”. El 4 de agosto Tibbets inform\u00F3 a sus tripulantes: “Ha llegado el momento. El arma que vamos a usar acaba de probarse con \u00E9xito en Estados Unidos y hemos recibido la orden de lanzarla contra el enemigo”. A\u00F1adi\u00F3 que era “el arma m\u00E1s devastadora jam\u00E1s producida” y que “aniquilar\u00EDa todo en un radio de cinco kil\u00F3metros”.
Al d\u00EDa siguiente Tibbets solicit\u00F3 que su avi\u00F3n llevara el nombre de su madre: Enola Gay. La tripulaci\u00F3n recib\u00ED una bendici\u00F3n religiosa antes del vuelo. El lunes 6 de agosto de 1945 el Enola Gay despeg\u00F3 rumbo a Hiroshima. A las 8:15 h hora local la bomba Little Boy deton\u00F3 a 600 m sobre el centro de la ciudad, generando una cegadora luz y una columna en forma de hongo que alcanz\u00F3 los 12 km de altura.

El copiloto Robert Lewis anot\u00F3: “¡Dios mio, qu\u00E9 hemos hecho!” El presidente Truman, informado mientras cruzaba el Atl\u00E1ntico, declar\u00F3 que la bomba equival\u00EDa a m\u00E1s de 20 000 toneladas de TNT, “la energ\u00EDa del sol usada contra quienes iniciaron la guerra en el Extremo Oriente”.
Tr\u00E1gica falta de control
Sin consultar a pol\u00EDticos, el 9 de agosto se lanz\u00F3 la bomba Fat Man sobre Nagasaki. Los medios estadounidenses reportaron con satisfacci\u00F3n los “gemidos y quejas” de los japoneses, mientras que algunos críticos advert\u00EDan que “pronto podr\u00EDamos enfrentar la versi\u00F3n mejorada de esta arma contra nosotros mismos”.
La explosi\u00F3n ocurri\u00F3 sobre un hospital del centro, matando a pacientes, m\u00E9dicos, enfermeras, maestros y estudiantes. En el cuartel cercano murieron unos 3 000 soldados durante el llamado matutino. La detonaci\u00F3n y el incendio arrasaron casi 13 km²; s\u00F3lo un edificio de concreto en el punto cero qued\u00F3 parcialmente intacto.

Una cifra imposible de precisar
Los cient\u00EDficos estadounidenses midieron las sombras humanas proyectadas por la explosi\u00F3n y, mediante una f\u00F3rmula denominada “n\u00FAmero normalizado de v\u00EDctimas”, concluyeron que la bomba mat\u00F3 o hirvi\u00F3 seis mil veces m\u00E1s eficientemente por libra de explosivo que una bomba convencional.
Las estimaciones var\u00EDan: al principio se contabilizaron entre 70 000 y 80 000 muertos en Hiroshima y entre 35 000 y 40 000 en Nagasaki. Con el tiempo, la cifra aument\u00F3 por los efectos de la radiaci\u00F3n, los c\u00E1nceres y las enfermedades relacionadas. Muchas v\u00EDctimas fallecieron meses o a\u00F1os despu\u00E9s; los supervivientes, conocidos como hibakusha, fueron censurados por las fuerzas de ocupaci\u00F3n y su testimonio permaneci\u00F3 silenciado durante a\u00F1os.
El reportaje de John Hersey “Hiroshima”, publicado en The New Yorker en agosto de 1946, romp\u00ED ese silencio y se convirti\u00F3 en un cl\u00E1sico del periodismo, difundido por radio, clubes de libros y ediciones en EE.\u00BAU y Reino Unido.

Fuentes
Extracto del libro de Rodric Braithwaite “Armaged\u00F3n y paranoia. Guerra Fr\u00EDa - Confrontaci\u00F3n nuclear”, publicado por la editorial Znak Horyzont.