Çatalhöyük es uno de los asentamientos proto‑urbanos más antiguos conocidos, sorprende por su extensión y, sobre todo, por su forma. Te invitamos a un viaje a la ciudad de los tejados, que data de hace unos 10 000 años.
El mundo conoció una de las ciudades más antiguas de la historia humana a finales de los años 50 del siglo pasado, cuando un equipo británico liderado por James Malleart descubrió en Anatolia, Turquía, restos de una infraestructura urbana del séptimo milenio a.C. Los trabajos posteriores revelaron la magnitud del hallazgo.
Se estima que el asentamiento estuvo habitado desde alrededor del 7400 a.C., albergando entre 8 000 y 10 000 personas, lo que lo convierte en el mayor centro proto‑urbano neolítico conocido. En esa época, Jericó contaba con apenas 2 000 habitantes y, para comparar, los castillos medievales polacos, como los de Gniezno o Cracovia, jamás superaron esa cifra.
Casas sin puertas ni ventanas, ciudad sin calles
Las viviendas de Çatalhöyük estaban contiguas y no tenían puertas ni ventanas. El acceso se hacía mediante una escalera que bajaba desde el tejado. Fue precisamente en los tejados donde se desarrollaba la vida cotidiana, pues no existían calles ni murallas perimetrales.
Todo el conjunto estaba construido con barro seco, un material abundante. La casa promedio medía unos 25 m², espacio reducido para hasta ocho habitantes, una hoguera, un horno y una despensa de granos en una habitación separada. La estrechez era la norma.
Probablemente por la falta de espacio interior, la actividad social se desplazó al tejado, que funcionaba como la “calle” del asentamiento. Los patios en la planta baja eran, en su mayoría, restos de viviendas demolidas y servían como depósitos de desechos.
Abuelos bajo el suelo
Esta ciudad sin calles se asemejaba a un enorme edificio continuo y, curiosamente, no poseía cementerio. Los fallecidos eran enterrados bajo el suelo de sus propias casas, en posición fetal y, a veces, acompañados de algunos objetos personales. Así, los muertos permanecían presentes en el espacio cotidiano de los vivos.
Los arqueólogos interpretan esta proximidad como un elemento cohesionador que reforzaba la identidad multigeneracional del grupo.
Solo los esqueletos eran enterrados bajo el suelo; los cuerpos completos se dejaban al aire para que los buitres los devoraran, dejando únicamente los huesos.
Algunos enterramientos se realizaron fuera de las viviendas, en lugares de gran importancia simbólica, decorados con frescos que mostraban animales, escenas cotidianas y motivos simbólicos, como enormes cabezas de toro con cuernos reales. Los buitres representaban, probablemente, la muerte.
El primer trigo y la supuesta «diosa madre»
El asentamiento se ubicó en una llanura fértil que permitía dos cosechas anuales gracias a un clima cálido y húmedo, complementado por un pequeño río que facilitaba el riego.
De aquí provienen los granos de trigo más antiguos conocidos, con 8 500 años de antigüedad. Los agricultores de Çatalhöyük, al igual que los posteriores sumerios y egipcios, utilizaban riego para sus campos. Cultivaban también garbanzos, guisantes y lentejas, recolectaban almendras, criaban ganado (principal fuente de carne) y cazaban jabalíes y ciervos.
Durante mucho tiempo se pensó que la ciudad estaba dominada por una matriarquía y que la diosa madre era la deidad principal, basándose en la abundancia de figurillas femeninas de forma corpulenta halladas en las excavaciones. Hoy esa hipótesis se considera una sobreinterpretación.
Los habitantes eran hábiles artesanos; fabricaban armas y herramientas, mayormente de obsidiana, y objetos decorativos con posibles funciones rituales.
Revolución en el paraíso
La vida en esta primera ciudad no era perfecta; la estrechez de las viviendas y la falta de calles en los tejados dificultaban cualquier cambio estructural. Cuando una casa se derrumbaba, se reconstruía en el mismo sitio, lo que hacía que una renovación mayor requiriera la demolición de todo un bloque interconectado.
Tras unos 2 000 años de existencia, la comunidad comenzó a desintegrarse. La evidencia sugiere que el colapso no fue causado por invasiones, sino por una degeneración interna: intentos de romper normas tradicionales, oposición a costumbres y creencias.
En los últimos estadios, aparecen casas independientes y trazos que podrían haber sido calles. Las edificaciones se decoran tanto por dentro como por fuera, lo que algunos interpretan como señales de una revolución o golpe interno.
Sin embargo, también es posible que factores climáticos hayan influido: alrededor de 8 200 años atrás se produjo un enfriamiento global y sequías provocadas por el rápido deshielo de glaciares y la entrada masiva de agua dulce al Atlántico.
Los análisis de los restos óseos revelan un cambio en la dieta, con mayor consumo de ovejas y cabras, más adaptadas a la escasez de agua. Al mismo tiempo, las construcciones tradicionales colapsaron, apareciendo viviendas aisladas y aumentando las migraciones en busca de mejores condiciones.
La combinación de estos factores y la pérdida de los lazos culturales que mantenían unida a la comunidad culminaron en su desaparición.
Bibliografía
- P. Bieliński, Ancient Near East, From the Beginnings of Agricultural Economy to the Introduction of the Journal, Varsovia 1985.
- J. Grabowska, Polish archaeologists found a statue of a mysterious lady from before 8 thousand years in Turkish Çatalhöyük, Gazeta Wyborcza (consultado el 27/07/21).
- J. Grabowska, Thanks to Polish archaeologists, we know how one of the first megacities collapsed, Gazeta Wyborcza (consultado el 27/07/21).