Una profesión milenaria
No es casualidad que la prostitución sea considerada la profesión más antigua del mundo. Mientras los últimos mamuts vagaban por la isla de Wrangel, en Egipto cientos de obreros que construían la pirámide de Djoser ya disfrutaban de los servicios de las damas de honor.
Costumbres sin pudor
En la sociedad egipcia el concepto de vergüenza era muy distinto al actual. Era habitual caminar desnudo y la masturbación pública no despertaba sorpresa, incluso entre sacerdotes y faraones durante sus festines. Los jóvenes mantenían relaciones prematrimoniales sin recelo ni temor a consecuencias sociales.
Esta libertad también se reflejaba en la vida de las mujeres. A diferencia de sus contemporáneas griegas o romanas, las egipcias podían salir sin compañía masculina, relacionarse con varios hombres y hacerlo sin que ello afectara su honor.
Una estatuilla de unos 4 000 años, hallada en Asyut y exhibida en el Louvre, muestra la total ausencia de pudor de la mujer egipcia.
El templo como mercado
En los santuarios de Isis y Amón existían harenes dedicados a la prostitución sagrada. Un peregrino podía, al mismo tiempo, honrar a la deidad y disfrutar de los servicios de una "sacerdotisa". No se trataba de prostitución mercantil; el acto estaba revestido de carácter religioso y, según algunos testimonios, esas mujeres gozaban de gran respeto social.
Se les reconocía por labios pintados de rojo, tatuajes en senos y muslos, y vestiduras azules o, a veces, la ausencia total de ropa.
Ritos de iniciación femenina
Los grupos de bailarinas itinerantes también ofrecían sus cuerpos a los viajeros. Algunos historiadores creen que, al llegar a la pubertad, las jóvenes se unían a estas bandas y, al quedar embarazadas, regresaban a casa como prueba de fertilidad, un valor esencial para la población egipcia.
Los "bares de cerveza"
En las ciudades más grandes surgieron establecimientos conocidos como "casas de cerveza", que combinaban restaurante, bar y salón nocturno. Eran lugares seguros y convenientes para contratar servicios sexuales, mucho más que las caravanas de bailarinas, que a veces eran vistas con recelo.
Incluso las hijas de los faraones
La prostitución tenía también una dimensión ritual y política. Según relatos, el faraón Ramsés I utilizó a su propia hija como informante en un burdel para descubrir al ladrón de su tesoro; ella, antes de cada encuentro, interrogaba a los clientes sobre sus fechorías. Al desenmascarar al culpable, este recibió la mano de la princesa como recompensa.
Otra anécdota atribuye al faraón Keops la decisión de enviar a su hija a ganarse la vida en un burdel, aceptando como pago no solo monedas sino también piedras para la construcción de una pirámide auxiliar.
Exportación del placer
La reputación de la prostitución egipcia llegó a Grecia. Heródoto menciona a las "hetairas" egipcias, mujeres educadas y de alta posición social que ofrecían servicios de calidad superior. Algunas de ellas, como Tais, que acompañó a Alejandro Magno, terminaron casándose con miembros de la dinastía ptolemaica, dando origen a la línea que culminó con Cleopatra.
Bibliografía
- Krzemińska A., Love in Ancient Egypt, Varsovia 2004.
- Krzemińska A., Papyrus pornography, Polityka, n.º 43/2002.
- Karpiński M., The oldest profession in the world, History of prostitution, Varsovia 2010.