historia historica

Historia: la cruel masacre de sirios y armenios

Advertencia: Si eres sensible a descripciones gráficas, considera leer este artículo con cautela.

Los asirios, también llamados cristianos sirios, se consideran descendientes de la antigua civilización de Asiria, que floreció alrededor del 2500 a.C. en Mesopotamia. Hoy forman una comunidad étnica del Oriente Medio que se identifica como sirios, arameos o asirios.

Su territorio tradicional abarca el norte de Irak, el sureste de Turquía, el noroeste de Irán y el noreste de Siria. A lo largo del siglo XX, la mayoría emigró a Asia, Europa, Australia y América del Norte, impulsada por persecuciones como el genocidio asirio y la masacre de Diyarbakir durante la Primera Guerra Mundial.

La masacre de Diyarbakir (1894‑1896)

Entre 1894 y 1896, autoridades otomanas, apoyadas por tribus kurdas, desencadenaron una ola de violencia contra la población cristiana, principalmente armenios y asirios, en la provincia de Diyarbakir y la región de Tur Abdin. El objetivo era desestabilizar a los armenios, pero pronto se convirtió en una campaña anti‑cristiana que cobró más de 25 000 vidas.

Contexto previo

Una hambruna severa provocó disturbios y frecuentes incursiones kurdas en los pueblos de la zona. En 1888, 18 personas fueron asesinadas en Tur Abdin; en 1889, alrededor de 40 aldeanos sirios/asirios fueron masacrados.

En 1894, en el distrito de Sasún (vilayato de Bitlis), 4 000 armenios se rebelaron contra los tributos impuestos por los kurdos nómadas. El sultán, temiendo una insurrección, envió al ejército otomano, la caballería Hamidiye y tribus kurdas para sofocar la revuelta. Tras aplastar la resistencia armenia, los kurdos atacaron indiscriminadamente a civiles en los pueblos vecinos, dejando aproximadamente 7 500 muertos.

La intervención de potencias europeas (Rusia, Francia y Gran Bretaña) presionó al sultán a prometer reformas en 1895, pero la violencia continuó y se extendió hasta Diyarbakir.

Reacción al intervencionismo extranjero

Los musulmanes locales temían que la presión de las potencias occidentales buscara crear un imperio cristiano en Armenia. Esta sospecha alimentó la hostilidad contra los cristianos y fortaleció la resistencia kurda a los cambios impuestos por el sultán.

El día del inicio del saqueo

El 1 de noviembre de 1895, disparos se produjeron frente a la Gran Mezquita durante la oración del atardecer. Según el cónsul francés, un policía abatió a un católico caldeo que pasaba por allí. El incidente encendió la furia de la población musulmana, que comenzó a atacar a armenios y asirios, incendiando sus tiendas, destruyendo sus hogares y saqueando sus pertenencias.

El fuego se extendió rápidamente, visible a más de 50 km de distancia. Quienes no lograron escapar fueron ejecutados. Se estiman daños de 2 millones de libras turcas solo el primer día.

Al día siguiente, la masacre se volvió sistemática: hombres, mujeres y niños fueron asesinados; muchas mujeres fueron forzadas a convertirse al islam. Aproximadamente 1 500 cristianos fueron protegidos por el consulado francés, aunque incluso allí se registraron amenazas de muerte contra la familia del cónsul.

El gobernador de Diyarbakir, bajo presión, decretó el cese de la violencia y la confiscación de armas, pero pruebas históricas indican que autoridades locales y militares participaron activamente en los saqueos.

El vicecónsul británico que visitó la ciudad estimó que alrededor de 1 000 cristianos murieron, y que 155 mujeres fueron secuestradas y convertidas por kurdos.

Masacres en el campo (este de la ciudad)

En los pueblos rurales cercanos, la violencia fue aún más brutal. En Sa’diyé, con unos 3 000 habitantes armenios y asirios, las tropas turcas rodearon el asentamiento, mataron a los hombres, mujeres y niños, y quemaron la iglesia con los feligreses dentro. Solo tres personas lograron sobrevivir ocultándose bajo cadáveres.

Incidentes similares se registraron en Qatarball, Qarabash y Mayafaraqín, donde apenas tres de 300 familias sobrevivieron. Testimonios de sacerdotes católicos señalan al menos diez aldeas más arrasadas, con unas 4 000 víctimas adicionales.

En total, entre 20 000 y 30 000 personas quedaron sin hogar ni alimento tras la ola de masacres.

La expansión hacia Tur Abdin

La ciudad de Diyarbakir quedó relativamente a salvo gracias a una defensa improvisada y a la solicitud de protección de dos influyentes familias asirias. Sin embargo, los alrededores sufrieron graves destrucciones: aldeas como Al‑Kulye (≈2 000 jacobitas) fueron borradas del mapa, y otras como Banabil fueron parcialmente salvadas gracias a la ayuda de monasterios cercanos.

El patriarca jacobita Barshoum informó que la intervención de estos clanes cristianos y la presencia de fuerzas otomanas limitó el alcance de la masacre en la zona.

Estos hechos forman parte de un capítulo oscuro de la historia otomana, donde la combinación de políticas sectarias, intervenciones extranjeras y rivalidades locales desencadenó una de las peores persecuciones contra cristianos en el Imperio.

Publicación anterior