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Gusanos dentales, excesos sexuales y malos presagios: los duros inicios de la odontología

Desde siempre la gente ha sufrido dolor de muelas y ha intentado aliviarlo. La cuestión es si el método empleado realmente ayuda o, por el contrario, aumenta el sufrimiento e incluso puede acabar con la vida del paciente.

Shakespeare lo expresó con claridad: "Aún no ha existido filósofo que pueda soportar serenamente un dolor de muela". Desde los albores de la humanidad se buscó combatir las afecciones del "establo rojo lleno de caballos blancos". Los rudimentarios intentos de arrancar o romper piezas dentales con una piedra resultaban ineficaces y extremadamente dolorosos (la cirugía dental, como la conocemos, es relativamente reciente). Por ello la gente recurrió a la magia, la oración, la superstición y, como suele suceder, al último recurso: la ciencia.

Gusanos dentales, excesos sexuales y malos presagios: los duros inicios de la odontología

Los primeros intentos de sistematizar conocimientos dentales datan de aproximadamente 5000 a.C., obra de científicos babilónicos. Creían que demonios o gusanos habitaban los dientes y eran la causa de la enfermedad; por tanto, eliminarían ambos con los remedios adecuados.

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Las instrucciones para tratar los dientes quedaron grabadas en tabletas de arcilla con escritura cuneiforme. De ellas sabemos qué técnicas usaban los babilonios y de dónde, según ellos, provenían los gusanos dentales. James Wynbrandt, en su libro La dolorosa historia de la odontología, cita:

«La Leyenda del Gusano» ofrece un ritual para eliminar a Marduknadinach – lo que hoy llamaríamos una simple muela. Para destruirlo, hay que invocar a Ea, dios del abismo, y a Anu, dios del cielo, recitando la fórmula que narra el nacimiento del gusano dental.

El procedimiento consistía en moler beleño y mastique, aplicar la pasta sobre el diente y pronunciar el conjuro correspondiente.

Gusanos dentales, excesos sexuales y malos presagios: los duros inicios de la odontología

En la antigua Babilonia se creía que los demonios o gusanos dentro de los dientes eran los culpables del dolor.

Los pacientes que experimentaban alivio redactaban su historia médica en una tableta y la colocaban en el templo. Los sacerdotes revisaban esas notas y seleccionaban la información más valiosa, creando así los primeros textos médicos –incluidos los de odontología– de la historia.

Curiosamente, los dientes no solo se trataban cuando dolían. Su estado también se interpretaba como un indicador de la salud general del paciente. Las predicciones basadas en la dentición no siempre eran exactas; por ejemplo, un compendio titulado "Cuando un hechicero visita la casa del paciente" afirmaba que quienes tenían dientes estrechos morirían pronto, y que quienes perdían los dientes colapsarían.

Extracción del gusano

Los métodos "templarios", practicados por chamanes o hechiceros, competían con la creciente clase de médicos profesionales, quienes trataban basándose en hechos, herbología y sustancias naturales.

Así, los babilonios tenían dos opciones: ofrecer sacrificios a un cráneo humano colocado sobre una tela color manzana durante tres días, rezar y llevar amuletos, o probar la propuesta de los primeros dentistas: la fumigación. Wynbrandt describe el proceso así:

Primero amasaban semillas de beleño negro con cera de abejas, calentaban la mezcla sobre una vara incandescente y la introducían en el diente, dirigiendo el humo directamente al orificio. Finalmente rellenaban la cavidad con una masilla de polvo de semillas de beleño y mastique.

La aparición del Código de Hammurabi en el siglo XVIII a.C. marcó el comienzo de la sistematización del conocimiento médico en Babilonia y un alejamiento de la superstición. Las sanciones para médicos incompetentes eran severas: el profesional cuya negligencia provocara la muerte del paciente debía perder las manos.

Probablemente por esas penalizaciones los dentistas babilonios temían extraer dientes, una práctica entonces asociada a un alto riesgo de complicaciones y muerte. No existen evidencias de dentaduras, taladros o empastes en esa época.

El culto al diente

Los persas y asirios trataban las enfermedades dentales de forma similar a los babilonios. En cambio, los hebreos extraían los dientes solo como último recurso, prefiriendo remedios como chupar una pizca de sal para aliviar el dolor.

Independientemente de la cultura, los dientes contaban con una especie de tutela legal. No era sorprendente, pues su pérdida era permanente y no había prótesis. El código de Hammurabi establecía castigos para la extracción dental y la frase "ojo por ojo, diente por diente" se aplicaba literalmente. En el Éxodo se lee que quien "arrancara un diente a su esclavo o siervo, lo liberaría por ese diente", lo que evidencia la gran importancia que la gente antigua otorgaba a una dentición sana.

En el antiguo Egipto la élite también cuidaba sus dientes con esmero. Wynbrandt señala:

Un examen exhaustivo de una momia reveló que caries y abscesos se volvieron habituales entre la aristocracia alrededor de 2500 a.C. El auge de la clase privilegiada egipcia coincidió con el deterioro de su dentición.

Por eso los aristócratas egipcios hacían que sus sirvientes les limpiaran la boca cada mañana. Además, los dentistas gozaban de gran respeto y ocupaban cargos importantes (por ejemplo, Hesy‑Ra era guardián de la corona y supervisor de los registros reales).

Lo que no te mata…

Los médicos del Lejano Oriente también atribuían los agujeros dentales a un gusano mítico y al desequilibrio de los humores. Curiosamente, algunos estudiosos sugieren que una vida sexual excesiva podía provocar dolor de muelas.

Los tratamientos combinaban recursos naturales sensatos con rituales absurdos. Por ejemplo:

Hornear ajo, machacarlo con los dientes, añadir semillas de rábano picante o nitrato de potasio y mezclar con leche humana; formar una pastilla con la pasta y colocarla en la nariz, por el orificio opuesto al punto doloroso.

Los médicos chinos a veces recetaban una píldora de arsénico que se colocaba cerca del diente enfermo; el objetivo era destruir el nervio y aliviar el dolor, aunque el riesgo de muerte era alto.

Gusanos dentales, excesos sexuales y malos presagios: los duros inicios de la odontología

Los etruscos ya fabricaban dentaduras primitivas. Marco Polo observó que habitantes de Asia lejana usaban placas de oro que coincidían con sus dientes, evidencia de una odontología cosmética algo avanzada. Prótesis dentales rudimentarias, como puentes de oro y fragmentos dentales reales, aparecen entre 1000‑400 a.C., desarrolladas por los etruscos en Italia.

Este es solo el inicio de la historia del tratamiento dental, una crónica llena de dolor, ideas extravagantes de los dentistas y horror de los pacientes. Lo que es seguro: los consultorios dentales modernos representan la máxima comodidad y seguridad. Puedes profundizar en este fascinante recorrido leyendo La dolorosa historia de la odontología de James Wynbrandt, publicada recientemente por Marginesy.

Bibliografía

  1. Wynbrandt, J., La dolorosa historia de la odontología, o el llanto y el crujir de los dientes desde la antigüedad hasta los tiempos modernos. Marginesy, Varsovia, 2020.
  2. H. H. Horch et al., Cirugía dental. Urban & Partner Publishing House, Wrocław, 1997.
  3. Historia de la odontología: orígenes antiguos. American Dental Association, 2007.