La Orden de los Caballeros Templarios es famosa en todo el mundo por su reputación de monjes‑caballeros valientes y enigmáticos. Más allá de sus hazañas militares, su legado está marcado por valores que se resumen en el lema «Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam». Acompáñanos a descubrir la historia de esta frase.
«Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam», el lema de los Templarios
Este lema refleja el corazón de la orden: «No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino al nombre de tu gloria». A lo largo de los siglos se le han atribuido varias expresiones, pero este es el único que la Orden adoptó oficialmente y que guía sus acciones diarias.
El origen del lema no es propio de la orden. Proviene del Salmo 113:9 según la Vulgata (equivalente al Salmo 115:1 en la versión King James). En la Inglaterra medieval, la misma frase se recitaba después de la comida como oración de agradecimiento.
Aunque no fue creado por los templarios, hoy está íntimamente ligado a ellos y resume su misión: defender la Tierra Santa y servir a Dios como monjes‑soldado.
Un lema de carácter religioso
La historia de los Templarios está inseparable de las Cruzadas. Para conocer las fechas de las Cruzadas, puedes consultar nuestro artículo dedicado. Armados y con la espada en mano, estos caballeros se distinguían por ser a la vez una organización religiosa y militar, la más poderosa del Occidente cristiano.
Mientras los caballeros «clásicos» buscaban la gloria personal, los templarios no perseguían la riqueza ni el honor individual. Actuaban únicamente en nombre de Dios, con su sede en Jerusalén y la misión de proteger a los peregrinos. El lema expresa precisamente ese impulso cotidiano: defender la Tierra Santa y salvaguardar a quienes la visitan.