Las Obras Delta: una hazaña de ingeniería hidráulica
No son edificios ni casas los que definen la arquitectura más importante de los Países Bajos, sino catorce diques y defensas contra inundaciones que, juntos, forman el conjunto conocido como las Obras Delta. Un libro bellamente diseñado narra la historia de esta genialidad técnica.
Al observar la Grevelingendam por primera vez, uno podría confundirla con una telecabina que lleva a la cima de una montaña en la temporada de nieve. En lugar de esquiadores, la escena estaba poblada por enormes bloques de hormigón que caían al agua con un fuerte chapoteo, formando el dique. Ese método, aunque inusual, marcó la construcción de una parte crucial del proyecto.
Aunque durante la obra se rompió un cable de la telecabina, el sistema siguió funcionando y la Grevelingendam se inauguró en 1965. Posteriormente, la telecabina fue retirada, quedando solo una pequeña sección como recuerdo del ingenioso proceso constructivo. La Grevelingendam forma parte de las Obras Delta, cuya realización se impulsó tras la catástrofe de inundaciones de 1953.
Instrumento de cuerda egipcio
En total, catorce diques y defensas protegen al país de marejadas y grandes inundaciones. Cada uno de ellos se analiza en detalle en el nuevo libro titulado Las Obras Delta, escrito por Marinke Steenhuis, profesora titular en la Universidad de Wageningen especializada en arquitectura del paisaje. Steenhuis también colaboró en El Puerto de Rotterdam, obra previamente reseñada por Kennislink.
Entre los proyectos más emblemáticos destaca el Haringvlietdam, que une las islas de Voorne‑Putten y Goeree‑Overflakkee. En él se encuentran las llamadas vigas "nabla", cuyo nombre proviene de un instrumento de cuerda egipcio de forma similar. Estas vigas están integradas en los pilares del dique y, aunque invisibles, soportan la carretera que cruza el Haringvliet, permitiendo que los vehículos circulen sobre ellas.
Sin la información del libro, muchos conductores pasarían por encima de estas vigas sin saber su existencia ni la curiosa historia que las respalda. El libro también dedica espacio a los pueblos sumergidos de Zelanda, ahora reposando en el lecho marino como silenciosos testigos de las repetidas catástrofes hídricas.
Imágenes impactantes
La lectura genera una profunda admiración por los hombres y mujeres que diseñaron y ejecutaron estas obras maestras de la hidráulica holandesa. Dado que estructuras de tal magnitud nunca se habían construido, los ingenieros adoptaron un enfoque incremental: primero realizaron proyectos menores para adquirir experiencia, y solo después aplicaron las soluciones exitosas a obras mayores.
El libro incluye entrevistas ilustradas con los investigadores que concibieron y ejecutaron las Obras Delta, ofreciendo una visión íntima del proceso creativo y técnico.
Aunque la obra es visualmente impresionante, presenta algunos puntos débiles. El inicio es algo lento, pues comienza con los primeros diques, que resultan menos espectaculares. Además, la crítica ambiental y la resistencia de algunos sectores de Zelanda aparecen solo de forma superficial, limitando la pluralidad de voces que podrían enriquecer la narrativa.
A pesar de esas observaciones, el libro es altamente recomendable. Está repleto de fotografías, dibujos y planos que se organizan de manera clara y atractiva. Desde que lo leí, cada paso que doy sobre una obra Delta me revela detalles inesperados, como la presencia de una parte de una funicular que, en realidad, no lo es.