Historia de Asia

La influencia de Japón en la victoria de la Guerra Ruso‑Japonesa

Contexto y causas del conflicto

En 1904, Japón y el Imperio ruso entraron en guerra por el control de Corea y Manchuria. Rusia buscaba un puerto sureño que no se congelara en invierno y, desde 1896, había firmado un tratado con China para construir el ferrocarril del Este, consolidando una posición estratégica en la península de Liaodong.

Al mismo tiempo, Japón, tras su victoria en la Primera Guerra Sino‑japonesa (1894‑95) y la obtención de una gran indemnización, había reforzado su ejército y mantenía varias divisiones en el Lejano Oriente. Aunque Rusia acordó retirar sus tropas de Manchuria en 1903, sólo lo hizo parcialmente, lo que alimentó la desconfianza japonesa.

Desarrollo de la guerra

El 8 de febrero de 1904 la flota principal japonesa asedió la base rusa de Lushun (Port Arthur) y, simultáneamente, el ejército desembarcó en la península de Corea, logrando una rápida ocupación.

En agosto, la flota rusa intentó romper el bloqueo, pero fue derrotada en la Batalla del Mar Amarillo. Días después, la batalla naval de Tsushima (27 de mayo de 1905), comandada por el almirante Heihachirō Tōgō, aniquiló al flanco del Báltico ruso, asegurando el dominio marítimo japonés.

En tierra, los combates más sangrientos se produjeron en Liaoyang, el campo de Mukden y, finalmente, la Batalla de Mukden (febrero‑marzo de 1905), donde murieron alrededor de 90 000 soldados rusos y 70 000 japoneses. El 1 de enero de 1905 el comandante ruso de Lushun entregó la fortaleza a los japoneses.

Consecuencias y tratado de paz

El 5 de septiembre de 1905, bajo la mediación de Estados Unidos, se firmó el Tratado de Portsmouth. Japón obtuvo el control de Lushun, la mayor parte de la península de Liaodong, la zona del ferrocarril del Este y el sur de la isla de Sajalín. Rusia reconoció la supremacía japonesa sobre Corea y cedió a Japón la influencia en el sur de Manchuria.

Esta victoria marcó la primera vez que una nación asiática vencía a una potencia europea en una guerra moderna, inspirando a los movimientos independentistas de colonias alrededor del mundo.

Costes humanos y legado

Se estima que participaron unos 1,08 millones de soldados y más de 300 buques. Las bajas fueron elevadas: aproximadamente 84 000 muertos japoneses (cerca de 6,5 % de sus fuerzas) y unas 50 000 bajas rusas, sin contar enfermos, que elevarían el total de víctimas rusas a más de 370 000.

El triunfo japonés tuvo un precio interno: el gobierno ocultó la magnitud de las pérdidas y la dura situación económica, lo que alimentó descontentos que, años después, contribuirían a la inestabilidad política del país.

En Rusia, la derrota aceleró la expansión del movimiento revolucionario que culminaría en la Revolución de 1917.

En resumen, la Guerra Ruso‑Japonesa transformó el equilibrio de poder en Asia, consolidó a Japón como potencia imperial y sembró las semillas de cambios políticos tanto en Japón como en Rusia.