El verdadero punto de inflexión del ataque a Pearl Harbor fue la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces, EE. UU. mantenía una política mayormente aislacionista y no había participado oficialmente en los conflictos de Europa o Asia.
El 7 de diciembre de 1941, el ataque sorpresa japonés provocó la muerte de más de 2.400 estadounidenses y la destrucción de gran parte de la Flota del Pacífico. Este hecho conmocionó a la opinión pública y obligó al Congreso a declarar la guerra a Japón.
Con la declaración de guerra, Estados Unidos pasó de ser un observador a un actor decisivo en el conflicto. Su inmensa capacidad industrial, militar y económica alteró radicalmente el equilibrio de fuerzas, favoreciendo a los Aliados y marcando un cambio fundamental en el desarrollo de la guerra.