Orígenes de la rebelión
La rebelión de los bóxers (1899‑1901) fue un levantamiento antiimperialista y anti‑cristiano que surgió en la provincia de Shandong, al norte de China. Los “bóxers”, cuyo nombre chino era Yìhèquán (拳击义, “Puños de la rectitud”), eran practicantes de artes marciales que creían que su fe y sus técnicas los hacían invulnerables a las armas extranjeras.
Acciones de los bóxers y del pueblo chino
Los grupos bóxers atacaron misiones cristianas, misioneros extranjeros y conversos chinos, destruyeron iglesias y templos y, en ocasiones, se enfrentaron a funcionarios y comerciantes occidentales. Con el tiempo, parte del ejército imperial y algunas milicias locales se unieron a ellos, ampliando el alcance del conflicto a otras regiones del país.
Respuesta de las potencias extranjeras
En respuesta, una coalición internacional conocida como la Alianza de las Ocho Naciones (Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, Estados Unidos y Austria‑Hungría) envió una fuerza militar conjunta. Tras intensos combates, la alianza capturó Pekín en agosto de 1900 y sofocó la resistencia bóxer.
Consecuencias para China
El fracaso de la rebelión debilitó aún más a la dinastía Qing, obligó a China a pagar una indemnización millonaria y reforzó el sentimiento antiimperialista que alimentó el surgimiento del nacionalismo chino a principios del siglo XX.