Antes de la Primera Guerra Mundial
Potencias europeas controlaban la mayor parte de los recursos del planeta.
Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia, Austria‑Hungría e Italia dividieron el mundo en esferas de influencia que abarcaban territorios extensos en Asia, África, Oriente Medio y América.
Utilizaban su fuerza militar y económica para mantener sus imperios, lo que a menudo generaba conflictos y tensiones entre ellas.
Después de la Segunda Guerra Mundial
Estados Unidos y la Unión Soviética emergieron como las dos superpotencias, dominando la política, el poder militar y la influencia económica global.
La Guerra Fría, rivalidad intensa entre EE. UU. y la URSS y sus respectivas alianzas, definió el orden mundial.
La descolonización desmanteló los imperios europeos, creando un nuevo mapa geopolítico con numerosos países independientes.
Comparación
Ambos periodos se caracterizaron por la concentración del poder en un reducido número de países que buscaban controlar los recursos, mercados y esferas de influencia del mundo.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el equilibrio de poder cambió drásticamente: EE. UU. y la URSS sustituyeron a las fragmentadas potencias europeas como principales actores.
La Guerra Fría añadió una dimensión ideológica a la competición por la hegemonía, mientras que la descolonización inauguró una era de autodeterminación e independencia para muchas naciones.