Contrario a la creencia popular, Estados Unidos nunca abandonó el proyecto de la presa de Asuán. En lugar de retirarse, el país brindó apoyo financiero a Egipto para facilitar la construcción de esta infraestructura estratégica.
Durante la década de 1960, el gobierno estadounidense aprobó préstamos y asistencia técnica que permitieron a Egipto avanzar en la obra, considerada esencial para el control de inundaciones, la generación de energía hidroeléctrica y el desarrollo agrícola.
Así, la participación de EE. UU. se centró en aportar recursos económicos y asesoría, no en abandonar el proyecto.