Explotación colonial
Ambas rebeliones fueron una reacción directa a la dura explotación y al trato discriminatorio que los poderes coloniales europeos impusieron a las poblaciones locales. En la India, el Motín de los Cipayos se desencadenó por la discriminación contra los soldados indios (cipayos) al servicio de la Compañía Británica de las Indias Orientales. En China, la Rebelión de los Bóxers surgió como respuesta a la dominación extranjera y al saqueo económico promovido por las potencias occidentales.
Resistencia a la influencia occidental
Los levantamientos reflejaron el deseo de preservar los valores y costumbres tradicionales frente a los cambios culturales impuestos por la colonización. En la India, el descontento creció al introducir reformas legales y sociales occidentales que se percibían como una amenaza a las tradiciones y prácticas religiosas. En China, los bóxers buscaban expulsar a los misioneros extranjeros y rechazar cualquier influencia occidental que consideraran peligrosa para la cultura china.
Descontento económico
Las quejas económicas también fueron un motor importante. En la India, los cipayos protestaban por los bajos salarios y las malas condiciones de trabajo, agravados por la sensación de ser tratados como inferiores por sus superiores europeos. En China, la llegada masiva de productos extranjeros y la pérdida de medios de vida tradicionales generaron un fuerte resentimiento que alimentó la revuelta bóxer.
Reclamos políticos
Los factores políticos no fueron menores. El Motín de los Cipayos contenía resentimiento contra el dominio de la Compañía Británica y las políticas del gobierno británico en la India. En China, los bóxers contaron con el apoyo de sectores de la dinastía Qing que se oponían a la intrusión de potencias extranjeras y buscaban restablecer la soberanía china.