Historia de América del Norte

Escándalo de los Black Sox (1919): la mafia y el arreglo de partidos en la Serie Mundial de béisbol

Contexto del partido decisivo

El 9 de octubre de 1919 se jugó el octavo juego de la Serie Mundial entre los Cincinnati Reds y los Chicago White Sox. A pesar de ser favoritos, los White Sox perdieron 5‑10 en diez entradas, entregando el campeonato a Cincinnati. De inmediato surgieron rumores de arreglo que, tras una investigación, confirmaron que ocho jugadores de los White Sox habían conspirado para perder y fueron expulsados de por vida. A esos jugadores se les apodó Black Sox, aludiendo al color de sus medias y a la mancha que el escándalo dejó en la franquicia.

Los orígenes del complot

Semanas antes del inicio de la serie, el apostador Joseph "Sport" Sullivan se acercó a C. Arnold "Chick" Gandil, tercera base de Chicago. Gandil, aunque inicialmente reacio, aceptó al percibir la magnitud del negocio: $100,000 repartidos entre los jugadores involucrados. Reunió a Eddie Cicotte, Claude "Lefty" Williams, Charles "Swede" Rosberg y Oscar "Happy" Felsch, e incluso intentó reclutar a la estrella del equipo, Joe Jackson.

El papel de la mafia

Sullivan buscó financiamiento entre sus contactos del bajo mundo. El principal benefactor fue el mafioso neoyorquino Arnold Rothstein, conocido por sus vínculos con pandillas italianas, irlandesas y judías. Rothstein también mentoreó a futuros capos como Meyer Lansky, Charles "Lucky" Luciano y Bugsy Siegel. Con su apoyo, el plan de arreglo tomó forma y comenzaron a circular rumores en los círculos de apuestas.

Desarrollo de la Serie Mundial

Antes del inicio, los White Sox eran los favoritos claros. Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha, un número creciente de apostadores comenzó a respaldar a los Reds, percibiendo la existencia del arreglo. En el primer juego (1 de octubre) los White Sox perdieron 9‑1, con una actuación desastrosa de Cicotte. En el segundo, Lefty Williams tuvo un mal día y los Reds ganaron 4‑2, dejando a Chicago con 0‑2 en la serie.

Cuando la ventaja de Cincinnati llegó a 4‑1, los jugadores involucrados se indignaron porque parte del dinero prometido no había sido entregado. Decidieron abandonar el pacto y jugar los últimos partidos sin trucos, ganando los dos siguientes y dejando la serie 4‑3.

El octavo juego, jugado el 9 de octubre, fue decisivo. Los Reds vencieron 10‑5 y se coronaron campeones por primera vez en su historia.

Denuncia y juicio

El periodista deportivo Hugh Fullerton denunció el arreglo en varios artículos del New York Evening World, pero el propietario de los White Sox, Charles Comiskey, desestimó las acusaciones. En 1920, una gran jurado investigó un supuesto arreglo en la liga y los testimonios de Bill Maharg y del propio Cicotte revelaron la conspiración. Cicotte confesó entre lágrimas, alegando que actuó para proteger a su familia.

Ocho jugadores fueron acusados de conspiración y citados ante el gran jurado. Sin embargo, la evidencia desapareció misteriosamente, y en junio de 1921 fueron absueltos en el proceso penal, con sospechas que recaían sobre Rothstein y Comiskey.

Consecuencias profesionales

Aunque fueron absueltos criminalmente, el comisionado de la liga Kenesaw Landis los declaró “trampas” y les prohibió volver a jugar en las Grandes Ligas. Así, el apodo Black Sox quedó como una marca indeleble y el escándalo de 1919 marcó el fin de sus carreras profesionales.

El destino de Arnold Rothstein

Rothstein nunca fue formalmente acusado del escándalo. Continuó sus actividades criminales hasta que, el 4 de noviembre de 1928, fue asesinado en Nueva York, presuntamente por deudas de juego acumuladas en una partida de póker de tres días.