Estrategia aliada y engaño
Gracias al descifrado de los códigos navales japoneses, los Aliados sabían del plan de ataque a la Isla Midway. El almirante Chester W. Nimitz, comandante en jefe de la Flota del Pacífico, ideó una trampa: situó los portaaviones Enterprise, Hornet y Yorktown al noreste de Midway, acompañados de sus escoltas. La isla también recibió refuerzos de aviones basados en tierra.
Plan japonés y ataque sorpresa
Japón organizó un ataque en dos frentes. El almirante Chuichi Nagumo lideró una fuerza de portaaviones para bombardear Midway y destruir sus aeródromos. Simultáneamente, el almirante Nobutake Kondo protegía a los portaaviones con una segunda escuadra. Los japoneses creían que su ofensiva sorprendería a los estadounidenses y les permitiría afianzar una posición estratégica en el Pacífico central, sin saber que sus códigos habían sido comprometidos.
Primeros enfrentamientos y descubrimiento de los portaaviones
El 4 de junio por la mañana, los aviones de ataque japoneses golpearon los aeródromos de Midway, causando daños considerables pero sin aniquilar completamente la defensa de la isla. Mientras tanto, aviones de reconocimiento estadounidenses localizaron la flota japonesa y enviaron la información a Nimitz, preparando a los portaaviones estadounidenses para contraatacar.
Contraataque estadounidense
Al mediodía, los bombarderos en picado y torpederos de Enterprise, Hornet y Yorktown lanzaron su ataque contra los portaaviones japoneses. Sorprendidos, los japoneses sufrieron graves pérdidas: los portaaviones Akagi, Kaga y Sōryū fueron incendiados y posteriormente hundidos.
Hundimiento del Yorktown
En medio del caos, los japoneses centraron sus esfuerzos en el vulnerable Yorktown. A pesar del heroico intento de la tripulación por salvar el buque, el portaaviones recibió daños críticos y se hundió el 7 de junio.
Retirada japonesa
Con tres portaaviones perdidos y graves bajas, el almirante Nagumo ordenó la retirada de las fuerzas restantes. La Batalla de Midway se consolidó como una victoria decisiva para Estados Unidos, frenando la expansión japonesa en el Pacífico y marcando un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial.
Conclusión
La victoria aliada se debió a una planificación meticulosa, al descifrado de códigos y a maniobras calculadas que permitieron ejecutar un contraataque sorpresa, volteando el rumbo del conflicto en el Pacífico.