Orígenes del uso de huellas dactilares en EE. UU
En 1902, por primera vez se emplearon huellas dactilares en Estados Unidos para identificar a delincuentes condenados en la prisión federal de Leavenworth, Kansas. Hasta entonces, la identificación se basaba en medidas antropométricas —altura, peso y longitudes de extremidades—, pero se constató que las huellas ofrecían una mayor fiabilidad y singularidad.
Creación de los primeros bureaus
Un año después, en 1903, se estableció el primer bureau de huellas dactilares dentro de la prisión de Leavenworth. Este bureau comenzó a recopilar y clasificar las huellas de los reclusos, convirtiéndose rápidamente en un recurso para las agencias policiales de todo el país.
Para 1914, todas las prisiones federales utilizaban ya este método, y numerosas agencias estatales y locales habían adoptado la práctica.
Expansión a nivel federal
El verdadero impulso llegó en 1924, cuando el Federal Bureau of Investigation (FBI) creó su División de Huellas Dactilares. La división del FBI se transformó en el mayor y más completo repositorio de huellas del mundo, desempeñando un papel crucial en la resolución de crímenes y la identificación de sospechosos.
Uso actual
Hoy en día, las huellas dactilares son una herramienta esencial para las fuerzas del orden en EE. UU, empleadas para:
- Identificar a sospechosos y víctimas.
- Localizar fugitivos.
- Vincular delitos con perpetradores.
- Exonerar a personas inocentes.
Gracias a su precisión, las huellas dactilares continúan contribuyendo a la seguridad de nuestras comunidades.