En 1917, Estados Unidos abandonó su política de neutralidad y se unió a la Primera Guerra Mundial. Esta decisión se debió a varios acontecimientos y a factores estructurales que, combinados, cambiaron la percepción del país sobre el conflicto.
Incidentes decisivos
- Hundimiento del Lusitania (1915): El transatlántico británico Lusitania fue torpedeado por un submarino alemán, provocando la muerte de 1.198 personas, entre ellas 128 estadounidenses. El suceso generó gran indignación y desplazó la opinión pública contra Alemania.
- Telegrama Zimmermann (enero de 1917): Los británicos interceptaron y descifraron un mensaje del secretario de Relaciones Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, dirigido al embajador en México, que proponía una alianza germano‑mexicana contra EE. UU. La revelación avivó la ira estadounidense.
- Guerra submarina sin restricciones (febrero de 1917): Alemania anunció la reanudación de la guerra submarina ilimitada, atacando cualquier buque en aguas británicas, incluidos barcos civiles. Esta política fue el punto de inflexión que empujó a EE. UU. a intervenir.
Factores adicionales
- Vínculos económicos con Gran Bretaña y Francia: La economía estadounidense estaba estrechamente ligada a los aliados; la guerra interrumpía el comercio y hacía inviable la neutralidad.
- Idealismo y defensa de la democracia: Muchos ciudadanos creían que EE. UU. tenía una obligación moral de ayudar a los Aliados a derrotar a Alemania y "hacer del mundo un lugar seguro para la democracia".
- Temor a una victoria alemana: Se percibía a Alemania como una potencia militarista que podría amenazar la seguridad nacional y el equilibrio mundial.
En conjunto, la decisión de EE. UU. de entrar en la Primera Guerra Mundial fue el resultado de una combinación de eventos concretos y de consideraciones económicas, políticas e ideológicas más amplias.