Desplazamiento de los pueblos nativos
La construcción del ferrocarril provocó la expulsión y pérdida de tierras de numerosas tribus nativas, a menudo mediante coacción, incumplimiento de tratados y conflictos violentos, lo que destruyó territorios y alteró su cultura.
Degradación ambiental
El rápido avance de la obra y el aumento de la actividad humana generaron deforestación masiva, fragmentación de hábitats y disturbios en la fauna. Además, se introdujeron especies exóticas y se agotaron recursos naturales, deteriorando los ecosistemas a lo largo del corredor.
Condiciones laborales extremas
Obreros, incluidos muchos inmigrantes chinos, trabajaron largas jornadas en entornos peligrosos, sufriendo discriminación y maltrato. Los campamentos ferroviarios eran hacinados y antihigiénicos, lo que favoreció enfermedades y tensiones sociales.
Desigualdad económica
El ferrocarril impulsó el crecimiento de ciudades occidentales como San Francisco y Los Ángeles, mientras que áreas rurales y pueblos pequeños a lo largo de la ruta experimentaron declive. Las compañías ferroviarias acumularon gran poder económico, generando temores de monopolios y prácticas desleales.
Incremento de la migración y el asentamiento
Facilitó la llegada masiva de colonos a los territorios occidentales, lo que, aunque promovió el desarrollo, también provocó competencia por recursos, sobrecarga de infraestructuras locales y conflictos con la población indígena.
Escalada de conflictos
La interrupción de cacerías, fuentes de agua y costumbres culturales aumentó la resistencia de los nativos, desembocando en guerras como las de los Sioux y los Apache.
Dependencia de combustibles fósiles
Los locomotores de vapor requerían carbón, lo que incrementó el consumo de combustibles fósiles y sus impactos ambientales.