Antes de la expedición de Coronado, los españoles habían recibido numerosos relatos sobre riquezas y ciudades impresionantes en el continente americano. Estas historias alimentaron la creencia de que existían siete ciudades de oro en el interior.
1. El Imperio Azteca
En 1521 Hernán Cortés conquistó el poderoso Imperio Azteca. La opulencia de su capital, Tenochtitlán, quedó conocida en toda Europa y motivó a los conquistadores a buscar tesoros similares en otras tierras.
2. El oro de Enriquillo
En 1513 el explorador Vasco Núñez de Balboa se encontró con un indígena llamado Enriquillo, quien supuestamente poseía abundantes reservas de oro. Sus relatos sobre una región interior dorada alimentaron los mitos de ciudades de oro.
3. El viaje de Álvar Núñez Cabeza de Vaca
Tras sobrevivir a la desastrosa expedición de Narváez, Cabeza de Vaca regresó a España en 1537. Durante su travesía por el sur de lo que hoy es EE. UU., escuchó a tribus nativas hablar de pueblos ricos y regiones abundantes en metales preciosos.
4. La expedición del fraile Marcos de Niza
En 1539 el franciscano Marcos de Niza lideró una misión hacia el norte de México. Desde la distancia describió una gran urbe llamada “Cíbola”, exagerando su tamaño y esplendor, lo que avivó la imaginación de los patrocinadores.
5. El Imperio Inca
Las noticias sobre la inmensa riqueza del Imperio Inca en Sudamérica también llegaron a los conquistadores del norte. Aunque la expedición de Coronado se centró en Norteamérica, el mito de los incas reforzó la expectativa de encontrar regiones ricas en oro.
En conjunto, estos relatos y experiencias previas impulsaron a Coronado y a otros exploradores a creer que el interior de América albergaba enormes depósitos de oro y ciudades magníficas.