Antecedentes
En 1989, la Corte Suprema de EE. UU. resolvió Texas v. Johnson, validando una ley texana que prohibía la profanación de la bandera. Gregory Lee Johnson quemó la bandera frente al Ayuntamiento de Dallas durante la Convención Nacional Republicana de 1984 como protesta contra las políticas de Ronald Reagan. Fue arrestado y condenado, lo que desencadenó el litigio.
En 1989, Michael Eichman realizó un acto similar en la Convención Republicana de St. Paul, Minnesota, quemando la bandera para expresar su oposición a la administración de George H. W. Bush. También fue arrestado y condenado bajo una ley estatal que prohibía la quema de la bandera.
Decisión de la Corte Suprema
En United States v. Eichman (1990), la Corte, por 5‑4, anuló la sentencia anterior de Texas v. Johnson y declaró inconstitucional la ley de Minnesota que prohibía la quema de la bandera.
El magistrado William Brennan, autor de la opinión mayoritaria, sostuvo que la quema de la bandera constituye discurso simbólico protegido por la Primera Enmienda, aun cuando resulte ofensivo para muchos. El interés gubernamental de preservar la bandera como símbolo de unidad nacional no justifica la restricción de la libertad de expresión.
La Corte enfatizó que la Primera Enmienda protege incluso las expresiones controvertidas o impopulares y que censurar por el potencial de ofensa generaría un efecto intimidatorio inadmisible sobre el discurso.
Impacto
El fallo consolidó que quemar la bandera es una forma de expresión simbólica amparada por la Constitución. El tema sigue siendo polémico: algunos abogan por prohibir la práctica por considerarla una falta de respeto, mientras que otros la defienden como un protesto legítimo.
El caso se cita frecuentemente en debates sobre los límites de la libertad de expresión y la capacidad del Estado para regular el discurso simbólico.