Causas internas
Desarrollo económico: El periodo de los Estados Combatientes experimentó un rápido crecimiento económico, lo que incrementó la competencia por recursos y poder, desencadenando numerosos conflictos.
Cambio social: Surgieron nuevas clases y grupos que luchaban por la supremacía, generando tensiones y enfrentamientos.
Inestabilidad política: La decadencia de la dinastía Zhou y la lucha entre los distintos estados por el dominio provocaron una constante inestabilidad que alimentó la guerra.
Causas externas
Invasiones extranjeras: Tribus nómadas del norte y oeste incursionaron en territorio chino, provocando enfrentamientos con los estados locales.
Cambio climático: Alteraciones en el cauce del río Amarillo provocaron inundaciones y sequías generalizadas, aumentando la presión sobre los recursos y desatando conflictos.
En resumen, el periodo de los Estados Combatientes fue una época de profundos cambios y convulsiones en China; estas transformaciones, tanto internas como externas, alimentaron la guerra hasta que en 221 a.C. Qin Shi Huang unificó el país y fundó la dinastía Qin.