Principios fundamentales
Igualdad de todos los seres humanos. La Declaración rompió con la visión europea de clases rígidas, afirmando que todas las personas nacen iguales y poseen los mismos derechos básicos.
Derechos inalienables. Se enumeran como "vida, libertad y la búsqueda de la felicidad", derechos que pertenecen a cada individuo y que ningún gobierno puede suprimir.
Derecho a la revolución. Cuando un gobierno viola esos derechos, los ciudadanos tienen la legítima facultad de rebelarse y sustituirlo, basándose en el principio de autodefensa.
Consentimiento de los gobernados. El poder del Estado emana del acuerdo de la población; sin su consentimiento, la autoridad no es legítima.
Ideas complementarias
Apelación al derecho natural. La Declaración invoca leyes universales de justicia que existen más allá de cualquier legislación humana.
Rechazo del derecho divino. Desmiente la pretensión de que monarcas gobiernan por mandato divino, proponiendo en su lugar un gobierno basado en la voluntad popular.
Separación entre iglesia y Estado. Al omitir referencias religiosas, garantiza la libertad de culto y evita que el gobierno favorezca una religión sobre otra.
Estos principios sentaron las bases para la Constitución de 1787, que profundizó en ellos y creó un sistema de gobierno que ha perdurado durante más de dos siglos.