No existe una única política que haya garantizado la victoria en la Segunda Guerra Mundial. El triunfo de los Aliados fue el resultado de una serie de decisiones estratégicas y medidas económicas que, combinadas, superaron a las Potencias del Eje.
Movilización total de la economía
Los países aliados adoptaron una política de economía de guerra, canalizando la producción industrial, la mano de obra y los recursos financieros hacia el esfuerzo bélico. Programas como el Lend‑Lease de EE. UU. suministraron armas, alimentos y materias primas a Gran Bretaña y la Unión Soviética.
Innovación tecnológica y táctica
Se desarrollaron nuevas tecnologías, como el radar, los cohetes V‑2 y los bombarderos de largo alcance, y se implementaron estrategias como la guerra relámpago (blitzkrieg) alemana contra la que los Aliados respondieron con la doctrina de bombardeo estratégico y la ruptura de la cadena de suministro enemiga.
Alianzas y cooperación internacional
La firma de pactos y la coordinación entre Estados Unidos, el Reino Unido, la Unión Soviética y otros países permitió la planificación conjunta de operaciones militares (por ejemplo, el desembarco de Normandía) y la distribución eficaz de recursos.
En conjunto, estas políticas de movilización económica, innovación tecnológica y cooperación aliada fueron las que aseguraron la victoria, más que cualquier cambio aislado.