Historia de Sudamérica

Cultura Mochica – Parte II

Arquitectura

La construcción de los monumentos mochicos requería el trabajo de miles de campesinos que fabricaban ladrillos de adobe de diferentes tamaños. Con gran esfuerzo humano se moldeaban y transportaban bloques odontiformes para levantar pirámides truncas de varios niveles, dotadas de rampas y escaleras que conducían a plataformas superiores. Muchos de sus huacas (santuarios) estaban decorados con frescos murales y contenían amplias salas y pasadizos; algunos arqueólogos los interpretan como capitales, como los complejos de Galindo y Pampa Grande.

En el valle de Moche, la Dacha de la Luna fue la capital durante el apogeo de la cultura, antes de los conflictos con los wari. En su centro se alzaban edificios lujosos donde vivían los sacerdotes‑astrónomos, mientras pescadores y campesinos habitaban chozas de quincha y caña en los bordes de la dacha o en las partes altas del valle. En la zona de Ancash, el Estado mochico ejercía un fuerte control territorial, como lo demuestra la pirámide de Pañamarca, adornada con murales que hoy están cubiertos para evitar su deterioro.

Los restos arquitectónicos más emblemáticos se encuentran en los departamentos de La Libertad (Huaca del Sol y Huaca de la Luna), Lambayeque (Huaca Rajada, donde en 1987 Walter Alva descubrió la tumba del Señor de Sipán) y varios otros sitios como Pañamarca, Galindo, Pacatnamú, El Brujo, entre otros.

Sitios representativos

  • Pañamarca (Valle de Nepeña – Ancash).
  • Fortaleza de Cholope (Valle de Santa – Ancash).
  • Huaca del Sol (≈20 m) y Huaca de la Luna (≈48 m), centro de poder.
  • Huaca Mocollope, Huaca Cortada, Huaca Cao, Huaca Blanca, Huaca Cartavio, Huaca Amarilla o Mochón, Pacatnamú (Valle de Chicama).
  • Huaca Rajada – Sipán y Pampa Grande (Lambayeque).
  • Complejo arqueológico San José de Moro y El Brujo (Valle de Jequetepeque).
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El Señor de Sipán

En febrero de 1987 el arqueólogo Walter Alva, junto a Luis Chero y su equipo, inició excavaciones en la zona de Sipán, al norte de Perú, en la región de Lambayeque. Tras retirar los pilares de sellado, descubrieron una cámara subterránea de 25 m² que albergaba una tumba de dimensiones sorprendentes. En su interior reposaba el famoso Señor de Sipán, un guerrero adornado con innumerables objetos de oro, plata, turquesa, coral y lapislázuli.

Destacan un disco de 92 mm de diámetro hecho de turquesa, coral y lapislázuli, rodeado de esferas de oro puro; una corona de oro y turquesa; ojos de oro; una máscara facial y un anillo nasal de oro; pectorales con conchas de colores; brazaletes de turquesa; un lingote de oro en la mano derecha (el Sol) y otro de plata en la izquierda (la Luna); un cetro coronado por una pirámide de oro; un collar de 71 esferas doradas y, sobre todo, un diadema de 62 cm de ancho y 42 cm de alto, también de oro.

El señor no estaba solo: junto a él se hallaron los esqueletos de dos guardias guerreros cubiertos de oro y turquesa, dos mujeres que probablemente fueron sus esposas, otra mujer, un niño y un perro. Se encontraron cientos de objetos preciosos, cerámicas finas y herramientas de metal. La verdadera riqueza del hallazgo radica en la información que aporta sobre la sociedad mochica, su organización y sus creencias.

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Ideología e iconografía

La visión del mundo mochica, sus creencias y su forma de entender la realidad se reflejan en la cerámica y en los murales de sus huacas. Los artistas representaban sacrificios humanos, castigos a prisioneros, guerreros con escudos, lanzas y mazas, y escenas de guerra expansionista. En la cerámica aparecen lagartijas que simbolizan a los campesinos o pescadores, zorros y felinos con cuerpo humano que representan la fuerza de los gobernantes (sacerdotes y guerreros).

Los estudios recientes indican que el arte mochico no retrata la vida cotidiana en detalle, sino que se centra en eventos ceremoniales, mitos y temas recurrentes que expresan su cosmovisión.

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Escritura

El investigador Larco Hoyle propuso que los mochicos utilizaban un sistema de símbolos llamado “pallariforme”, compuesto por dibujos en forma de pallar y líneas geométricas que podrían constituir una forma de escritura. Estos símbolos aparecen en cerámicas y objetos rituales, aunque aún no se ha descifrado completamente su significado.

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Metalurgia

Los mochicos trabajaban oro, plata y cobre, llegando a crear la aleación conocida como tumbaga (cobre con oro o plata). Utilizaban técnicas como laminado, martillado, repujado, alambrado y soldadura. La tumba del Señor de Sipán es el ejemplo más destacado del dominio mochico de la metalurgia.

Fabricaban una amplia variedad de objetos: collares, narigueras, orejeras, brazaletes, sortijas, coronas, pectorales, platos, copas, cuencos, herramientas agrícolas y quirúrgicas, cuchillos, máscaras funerarias y una gran cantidad de instrumentos musicales (sonajas, flautas, tambores).

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Religión

Los mochicos adoraban a numerosas deidades, muchas heredadas de la cultura Chavín. Entre ellas se encontraban dioses del mar, de la agricultura y del mundo sobrenatural. La divinidad principal era Ai Paec (“el Hacedor”), representado como un humano con colmillos de felino y adornado con tocado semicircular, orejeras, narigueras y sonajeros.

Realizaban sacrificios humanos en ceremonias especiales, como lo evidencia la tumba de la sacerdotisa de San José de Moro y la reciente tumba de la Señora de Cao en el Complejo El Brujo. Los muertos eran enterrados en sarcófagos, cajas de caña, tinajones de cerámica o cámaras con nichos, colocados horizontalmente, boca arriba y mirando al cielo, acompañados de ofrendas de cerámica, textiles, metales y, en casos de alta jerarquía, sacrificios humanos para servir de acompañantes.

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