La Revolución Gloriosa y la caída de Jaime II
La derrota de Jaime II se produjo durante la Revolución Gloriosa (1688‑1689), un episodio decisivo en la historia de Inglaterra, Escocia e Irlanda. La revuelta derrocó al rey católico Jaime II y puso al protestante Guillermo de Orange y a su esposa María como monarcas conjuntos.
Causas de la derrota
Las políticas de Jaime II, que intentaron imponer el catolicismo en un país mayoritariamente protestante y gobernar sin el consentimiento del Parlamento, generaron una profunda insatisfacción entre la élite política y la población. Su intento de crear una monarquía absoluta provocó una creciente oposición que desembocó en rebelión.
Desarrollo de la revolución
En noviembre de 1688, Guillermo de Orange desembarcó en Inglaterra con un ejército que apoyaba la causa protestante. Las fuerzas leales a Jaime fueron derrotadas en varios enfrentamientos, y el propio rey huyó a Francia. En abril de 1689, Guillermo y María fueron coronados como monarcas conjuntos y firmaron la Bill of Rights, que consagró la supremacía parlamentaria y limitó los poderes del monarca.
Consecuencias políticas y sociales
La caída de Jaime II marcó el fin de la monarquía absoluta y el inicio de una era de democracia parlamentaria en Gran Bretaña. En Irlanda, se consolidó la supremacía protestante y se desestableció la Iglesia de Irlanda como religión oficial.
Importancia histórica
La Revolución Gloriosa sentó un precedente importante para futuras revoluciones europeas, demostrando que una monarquía podía ser derrocada cuando vulneraba los derechos y libertades fundamentales de sus súbditos. Además, mostró que la transición de un Estado católico a uno protestante podía lograrse sin un derramamiento masivo de sangre.