Durante la Segunda Guerra Mundial los combatientes dormían donde encontraban refugio: tiendas de campaña, zanjas y trincheras, cuarteles improvisados, buques, aviones o cualquier espacio protegido.
En el desembarco de Normandía (D‑Day), los soldados aliados pasaron varios días durmiendo directamente en la arena de la playa, a merced del clima y el fuego enemigo.
Otros entornos comunes incluían:
- Los cuarteles permanentes o temporales dentro de bases militares.
- Los refugios subterráneos conocidos como foxholes o fosos.
- Los camarotes de los barcos de guerra y los buques de transporte.
- Los aviones de transporte y los helicópteros, cuando el tiempo lo obligaba.