1. Una escala sin precedentes
Al inicio de la Revolución americana había alrededor de 500 000 esclavos; para 1860 la cifra alcanzó casi 4 millones, convirtiendo a EE. UU. en la mayor potencia esclavista del mundo.
2. Un sistema basado en la raza
A diferencia de otras sociedades esclavistas, donde los esclavos solían compartir origen étnico con sus amos, en Estados Unidos la población esclavizada era casi exclusivamente de ascendencia africana, convirtiéndose en un mecanismo de opresión racial.
3. Una brutalidad extrema
Los esclavos sufrían condiciones inhumanas: castigos físicos como latigazos, torturas, negación de alimentos, ropa, vivienda y la prohibición de recibir educación, poseer bienes o testificar en los tribunales.
4. Respaldo legal
La Constitución estadounidense reconocía la esclavitud como institución legal. La Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 obligaba a los ciudadanos a ayudar en la captura de esclavos escapados, y la sentencia Dred Scott de 1857 declaraba que los esclavos no eran ciudadanos y no podían demandar su libertad.
5. Un conflicto civil
La Guerra Civil (1861‑1865) se libró en torno a la cuestión esclavista. La Unión, opuesta a la esclavitud, salió victoriosa y puso fin a la práctica en el país.
El conflicto dejó una huella profunda: abolió la esclavitud, impulsó la derogación de leyes segregacionistas y propició la adopción de las Enmiendas 14 y 15, que garantizan la igualdad ante la ley y el derecho al voto sin distinción racial.
Aunque sangrienta y costosa, la Guerra Civil culminó con la emancipación y el avance de los derechos civiles en Estados Unidos.