Los estados situados al sur de Pensilvania defendieron la institución de la esclavitud por una combinación de razones económicas, sociales, políticas y culturales que se reforzaban mutuamente.
1. Dependencia económica
El modelo de plantación, basado en cultivos de algodón, arroz y tabaco, requería mano de obra barata y abundante. Los propietarios de plantaciones temían que, sin la esclavitud, sus bases productivas colapsaran y sus riquezas se evaporaran.
2. Estructura social y creencias culturales
La sociedad sureña se organizaba jerárquicamente: blancos propietarios en la cúspide, campesinos blancos pobres en el medio y afroamericanos esclavizados en la base. Leyes, costumbres y enseñanzas religiosas reforzaban la supremacía blanca y la supuesta inferioridad negra, presentando la esclavitud como esencial para mantener el orden social.
3. Poder político
Gracias al Compromiso de los Tres Quintos, los estados del sur contaban con una representación desproporcionada en el Congreso y en el Colegio Electoral. Este poder les permitía influir en la legislación y proteger la esclavitud frente a iniciativas abolicionistas.
4. Resistencia al cambio
La esclavitud estaba arraigada en la vida cotidiana sureña. El temor a la agitación social y económica, junto con la convicción de que la esclavitud traía beneficios, hacía que muchos se opusieran a cualquier intento de abolirla.
5. Ideología de los derechos de los estados
Los sureños defendían la soberanía estatal como argumento para impedir la interferencia federal en la esclavitud. Consideraban que el gobierno nacional tenía autoridad limitada sobre los asuntos internos de cada estado, lo que sirvió de pretexto para rechazar las políticas abolicionistas.
Si bien no todos los habitantes del sur apoyaban la esclavitud, la interacción de estos factores consolidó su permanencia hasta que la Guerra Civil la puso fin en 1865.