Entrevista con el Mariscal Andrés Avelino Cáceres (1921)
En 1921, el héroe de la Guerra del Pacífico concedió una de sus últimas entrevistas, con motivo del 42.º aniversario de la victoria de Tarapacá.
El país celebraba con júbilo aquel día, recordando la épica defensa de Tarapacá donde un pequeño grupo de valientes, a pesar del hambre y la falta de caballería, logró derrotar a las fuerzas chilenas.
Sin embargo, el mariscal reflexiona sobre por qué esa victoria no se tradujo en una victoria estratégica en la guerra.
¿Puede contarnos cómo se desarrolló la batalla de Tarapacá?
Recuerdo la acción con precisión. Mi división estaba en una calle de Tarapacá cuando mi ayudante avistó al enemigo en la cresta de los cerros al oeste. Ordené a mis tropas avanzar con bayoneta fija. Formé tres columnas: la derecha bajo el mando del comandante Zubiaga, la central con los batallones quinto y sexto bajo el mayor Pardo Figueroa, y la izquierda con los terceros y cuartos batallones bajo el mayor Arguedas.
Insté a mis hombres a no disparar hasta alcanzar la cima para ahorrar municiones escasas. La columna Zubiaga atacó la artillería chilena y capturó cuatro cañones; las columnas de Pardo Figueroa y Arguedas desgarraron la infantería enemiga.
¿Algún acto de valor que le haya marcado?
Destaco la heroica acción del alférez Ureta, quien tomó un cañón chileno y lo levantó como símbolo de la patria. También recuerdo al comandante José María Meléndez, que, cuando la falta de agua nos debilitaba, apareció con un barril que alivió a los soldados sedientos.
¿Qué ocurrió después de la primera acometida?
El enemigo huyó desordenado. Persiguimos a caballo, aunque mi propio caballo fue abatido; un oficial me consiguió una mula y continué la persecución. Tras tres horas de combate, nos vimos obligados a retroceder por el agotamiento. El general Buendía me felicitó, pero lamenté la pérdida de varios tenientes, entre ellos Zubiaga y Pardo Figueroa.
¿Cómo se desarrolló el segundo enfrentamiento?
Reforzamos la división con el batallón Iquique, la columna naval Meléndez y otras unidades. Tras intensos tiroteos, rodeamos el flanco izquierdo chileno comandado por Arteaga y lo obligamos a retroceder. Cuando la victoria parecía segura, el general Dávila llegó con su división y, a pesar del cansancio, efectuó un último asalto que nos permitió capturar los últimos seis cañones Krupp del enemigo.
Al final, la falta de caballería impidió un acorralamiento total y, sin alimentos ni refuerzos, nos vimos obligados a retirarnos a Arica.
¿Cuál fue la causa decisiva de la derrota peruana?
La ausencia de organización y autonomía militar, especialmente en el suministro de municiones, sumada a la discriminación racial y la falta de armonía cultural y política. También hubo traición de los sectores acomodados y una sobreabundancia de generales sin verdadera capacidad de mando.
¿Cree que, sin esos defectos, hubiéramos podido ganar?
Con la superioridad numérica y de armamento chilena, creo firmemente que sí. La desunión, la ambición política y la falta de identidad en los sectores privilegiados nos costaron la victoria.
Breve repaso de su carrera militar
Mi camino comenzó en 1854, durante la revolución contra Echenique. A los 19 años, estudiaba en la Universidad de Huamanga y me incorporé al ejército. El general Castilla me tomó bajo su protección, y tras varias campañas, llegué a comandar la famosa campaña de La Breña, que considero la página más honorable de mi vida militar.
Mi cicatriz facial, adquirida en la batalla de Arequipa (1856), se convirtió en una “decoración” que recuerdo con orgullo.
Reconocimientos internacionales
Fui recibido por el Kaiser alemán, el rey de España y el rey de Italia, quienes me felicitaron por la victoria de Tarapacá.
Entrevista publicada en La Crónica, 27 de noviembre de 1921.