Posición del Sur
Los estados sureños se oponían en general a los aranceles. Argumentaban que estas tarifas encarecían los productos que tenían que comprar al Norte sin aportarles beneficios directos.
Además temían que los aranceles redujeran la demanda europea de algodón y de otros productos agrícolas del Sur, lo que dañaría su economía basada en la exportación.
Posición del Norte
Por el contrario, los estados del Norte defendían los aranceles como una herramienta esencial para proteger sus industrias nacientes de la competencia extranjera.
Consideraban que los aranceles generarían empleo y estimularían el crecimiento económico nacional, beneficiando al país en su conjunto.