Durante la Ley Seca en la década de 1920 se produjeron muchos hechos relevantes, pero también hubo aspectos que nunca llegaron a suceder:
No hubo una prohibición total de la producción de alcohol
Aunque la fabricación, venta y transporte estaban prohibidos, muchos producían alcohol de forma clandestina, ya sea en destilerías caseras o mediante organizaciones criminales.
No se logró la abstinencia completa
La gente siguió bebiendo. Los speakeasies, los bares clandestinos y el contrabando (bootlegging) florecieron, y algunos desafiaron abiertamente la ley.
No desaparecieron los problemas vinculados al alcohol
El consumo ilegal no erradicó la adicción, los accidentes de tránsito por ebriedad ni el crimen organizado; de hecho, algunos problemas se intensificaron.
No hubo una aplicación uniforme de la ley
La rigidez de la fiscalización varió según la región; en algunos estados se aplicaba estrictamente, mientras que en otros la autoridad era laxa, generando controversias.
No se derogó de inmediato
La Ley Seca permaneció más de una década; sólo con el cambio de opinión pública y política se aprobó la 21ª Enmienda en 1933, que puso fin a la prohibición.