La relación entre el capitalismo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial es compleja y está mediada por múltiples factores económicos, políticos y sociales.
1. Tratado de Versalles y nacionalismo económico
El Tratado de Versalles impuso severas sanciones económicas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial, provocando una grave crisis, hiperinflación y desempleo masivo. Estas condiciones alimentaron el auge de movimientos nacionalistas, como el Partido Nazi, y generaron rivalidades por recursos y mercados.
2. La Gran Depresión
La depresión mundial de los años 30 redujo drásticamente la demanda internacional, colapsó el comercio y profundizó la inestabilidad económica. La crisis fomentó el proteccionismo y avivó sentimientos nacionalistas en numerosos países.
3. Ascenso del fascismo y el militarismo
El deterioro económico creó un caldo de cultivo para regímenes fascistas en Alemania, Italia y Japón. Estos gobiernos priorizaron la expansión militar como medio para obtener recursos y revitalizar sus economías.
4. Carrera armamentista y política de apaciguamiento
La presión económica y la búsqueda de superioridad militar desencadenaron una carrera armamentista, sobre todo entre Alemania, Francia y el Reino Unido. Las políticas de apaciguamiento, que consistieron en ceder ante agresiones para evitar la guerra, sólo fortalecieron la confianza de los líderes fascistas.
5. Competencia por recursos naturales
El acceso a materias primas como petróleo, minerales y caucho se volvió crucial para la producción industrial. Esta necesidad impulsó ambiciones imperialistas y motivó a las potencias a expandir territorios o controlar regiones ricas en recursos, incrementando la probabilidad de conflicto.
6. Fracaso de la Sociedad de Naciones
La Sociedad de Naciones, creada después de la Primera Guerra Mundial para mantener la paz, demostró ser incapaz de detener la agresión de Alemania, Italia y Japón, lo que facilitó la escalada de tensiones.
7. Políticas exteriores expansionistas
Las acciones agresivas —la anexión de Austria y Checoslovaquia por parte de Alemania, la invasión italiana de Etiopía y la expansión japonesa en Asia— generaron una sensación de inseguridad global que aceleró el camino hacia la guerra.
En conjunto, estas dinámicas, alimentadas por las condiciones del capitalismo global y la lucha por la ventaja económica, contribuyeron al aumento de las tensiones que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial en 1939.