Turner fue capturado casi dos meses después del levantamiento, el cual tuvo lugar en agosto de 1831 en Virginia, y fue ahorcado en noviembre de ese mismo año.
Durante su juicio, firmó una confesión escrita en la que describía los hechos de la rebelión y sus motivaciones. Según dicho documento, Turner creía estar guiado divinamente para liderar la insurrección y crear una sociedad libre para los afro‑americanos en Virginia.
La confesión también detalla la crueldad del enfrentamiento, que dejó alrededor de 55 muertos entre la población blanca.
Las consecuencias de la revuelta fueron profundas: se endurecieron las leyes que regulaban a los esclavos, aumentó la represión contra los movimientos abolicionistas y se intensificó la vigilancia sobre la población negra en todo el país.