Desde 1971, activistas de Greenpeace han llamado la atención internacional con campañas espectaculares: escalar chimeneas, secuestrar buques de perforación y bloquear vertidos tóxicos. En 1980 la organización comenzó sus primeras acciones en el norte de Alemania.
El primer gran desafío: el buque "Kronos"
El 13 de octubre de 1980 un pequeño grupo de ecologistas impidió que el barco "Kronos" zarrara hacia el Mar del Norte desde Nordenham (Baja Weser). El buque, contratado por empresas químicas alemanas e internacionales, iba a verter ácido diluido, una mezcla de ácido sulfúrico con metales pesados, que dañaba gravemente a peces y plancton. En aquel entonces la práctica era legal, aunque sus efectos eran bien conocidos.
Acciones simbólicas contra la contaminación
Ese mismo día, activistas dejaron cadáveres de peces deformes frente a la planta química Bayer en Brunsbüttel y frente al Instituto Hidrográfico de Hamburgo, denunciando la toxicidad de los vertidos. Los medios locales cubrieron los hechos, pero la prensa nacional tardó en prestar atención.
¿Qué es el ácido diluido?
Se trata de ácido sulfúrico en solución, subproducto de la fabricación de blanqueadores y tintes. Además de sulfato, contiene hierro, residuos de mineral y metales pesados como arsénico, plomo, cromo, cadmio, cobre, níquel, titanio y zinc. Desde 1990 su vertido al Mar del Norte está prohibido.
Escalando la chimenea de Boehringer
En una segunda gran acción, dos activistas se encadenaron a la chimenea de la planta química Boehringer en Hamburgo‑Billbrook y desplegaron una pancarta contra las emisiones de dioxinas y otras toxinas. La imagen de los ecologistas colgados de la chimenea inundó los periódicos y multiplicó las donaciones a Greenpeace, que tuvo que contratar personal a tiempo parcial para gestionar la avalancha de correspondencia.
El laboratorio flotante "Beluga"
Con los fondos recaudados, Greenpeace adquirió un viejo buque de bomberos que transformó en laboratorio móvil. El "Beluga" navegó por el Elba, Weser y Rin, tomando muestras directamente en los puntos de descarga. Los activistas descubrieron tuberías que vertían aguas residuales de colores y temperaturas inusuales, pruebas que las autoridades no habían publicado.
De la denuncia a la solución
Además de revelar escándalos, Greenpeace ha desarrollado alternativas tecnológicas: en los años 90 colaboró con una empresa sajona para crear el primer refrigerador sin CFC, y lanzó campañas por papel libre de cloro. Ambas iniciativas fueron adoptadas rápidamente por la industria tras la presión de los consumidores.
El caso "Brent Spar"
En 1995 activistas ocuparon la plataforma petrolífera "Brent Spar" que Shell quería hundir en el Mar del Norte. Tras una campaña de boicot, la compañía optó por retirar la plataforma a tierra, pero la organización admitió haber sobreestimado la cantidad de residuos tóxicos, lo que provocó un breve daño a su credibilidad.
Desafíos actuales
En el siglo XXI Greenpeace sigue activo: lucha contra el cambio climático, promueve la salida del carbón (por ejemplo en la mina a cielo abierto de Garzweiler) y apoya el movimiento "Fridays for Future". También denuncia la deforestación del Amazonas, la exportación de armas y la contaminación de los océanos.
Críticas y controversias
Las tácticas de Greenpeace, a veces radicales o ilegales, han generado críticas y la pérdida del estatus de organización sin ánimo de lucro en algunos países. Incidentes como el aterrizaje en parapente sobre el Allianz Arena en 2021 alimentan el debate sobre sus métodos.
Apoyo financiero récord
Greenpeace se financia exclusivamente con donaciones de particulares. En 2020 más de 630.000 personas aportaron su apoyo, alcanzando los 80,3 millones de euros en Alemania, lo que garantiza su independencia frente a gobiernos e industrias.