Corona real: Jorge I de la Casa de Gúelfos llevaba esta corona.
¿Un alemán en el trono británico? Hoy sería impensable, pero hace unos 300 años fue una realidad. Jorge Luis, entonces elector de Hannover, fue coronado rey de Gran Bretaña el 20 de octubre de 1714. La ceremonia, bajo el nombre de Jorge I, tuvo lugar en la Abadía de Westminster, Londres.
La sangre y la religión determinan la sucesión
El ascenso de los gobernantes de las provincias de Baja Sajonia a una potencia mundial obedeció a una cadena de vínculos tradicionales, normas sucesorias y al destino. A finales del siglo XVII existían tres reinos en las Islas Británicas: Inglaterra, Gales y Escocia. Inglaterra, con su floreciente comercio colonial, dominaba económica y culturalmente, y Londres se había convertido en el principal centro bancario del mundo.
En 1707 Escocia cedió ante la presión inglesa y ambos reinos se unieron para formar el Reino de Gran Bretaña. La primera monarca común fue la reina Ana Estuardo, que heredó el título de su cuñado fallecido, Guillermo III. Al no quedar sobrevivientes entre los hijos de Ana, el Parlamento inglés eligió a Sofía de Palatinado como sucesora: la última nieta del rey Jacobo I de la Casa Estuardo. No solo la sangre fue decisiva; la religión también jugó un papel crucial. Los parientes más cercanos eran católicos, pero era imprescindible que la nueva reina fuera protestante para limitar la influencia católica en Inglaterra.
El vínculo con Hannover se activa
Con esa elección se estableció la conexión con la antigua familia noble de los Gúelfos, ya que el esposo de Sofía era Ernesto Augusto, elector de Brunswick-Lüneburg. En 1660 nació su primogénito, Jorge Luis, quien más tarde ascendería al trono británico. Tras la muerte de su padre en 1698, heredó numerosas propiedades, residió en el castillo de Leine en Hannover (actual sede del parlamento estatal) y en su residencia de verano en Herrenhausen.
Dos muertes decisivas
En 1714 los acontecimientos alcanzaron su clímax. Sofía de Palatinado, también conocida como Sofía de Hannover, falleció en junio en Hannover, y su derecho al trono británico pasó a su hijo Jorge Luis. Unas semanas después ocurrió el hecho previsible: la reina Ana Estuardo murió sin dejar heredero. Entonces quedó patente la previsión política del Parlamento inglés, plasmada en el Acta de Asentamiento de 1701, que regulaba la sucesión y establecía que solo los descendientes protestantes de la Casa de Estuardo podían reinar. Tras la muerte de su madre, solo Jorge Luis, de la Casa de Gúelfos, cumplía esas condiciones; la mayoría de los Estuardo eran católicos.
Más de un siglo de poder e influencia
La reina Victoria gobernó Gran Bretaña de 1837 a 1901, marcando el inicio de una era güelfa en el trono británico que duró 123 años. La familia de Baja Sajonia presentó a cinco reyes. Guillermo IV murió el 20 de junio de 1837 sin dejar heredero varón, lo que puso fin a la unión personal, pues según la ley sálica de Hannover ninguna mujer podía suceder al trono. La nueva monarca fue la joven de 18 años, Victoria, hija del hermano de Guillermo, Eduardo Augusto, fallecido en 1820. Victoria llevó al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda a la condición de gran potencia y dio nombre a la era victoriana. Contrajo matrimonio con su primo Alberto, de la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, que más tarde se renombró Windsor y sigue encabezando la monarquía británica.
¿Y en Hannover? Mientras Jorge I viajaba frecuentemente a su tierra natal y ejercía como elector, sus sucesores permanecieron mayormente en Londres, delegando la gestión local a altos funcionarios. Solo tras la muerte de Guillermo IV, el tío de Victoria, Ernesto Augusto ascendió al trono de Hannover y gobernó desde allí.