Historia de Europa

La señal de la cruz: una epopeya de sexo y religión

Se suele decir que "una imagen vale más que mil palabras", pero cuando se trata de la Antigüedad y su interpretación artística, las representaciones pictóricas, escultóricas, literarias o cinematográficas a menudo engañan al historiador. El espectador tiende a aceptar la imagen sin cuestionarla, lo que genera errores que se arraigan en la cultura y son difíciles de corregir, sobre todo cuando películas y novelas se toman como fuentes tan válidas como ensayos académicos.

La señal de la cruz: una epopeya de sexo y religión

El caso más conocido es la pintura de Léon Gérôme, Pollice Verso (1872), que popularizó la idea del pulgar arriba o abajo para decidir la vida de los gladiadores. Esa imagen errónea se ha convertido en un ícono universal, presente en emoticonos y teclados de móvil.

De forma similar, se ha difundido la visión de la mujer romana como mero objeto sexual, un icono erótico o incluso pornográfico, que supuestamente despertaba los instintos más básicos de los antiguos. Esta interpretación, aunque más plausible a primera vista, se extiende también al cine, cuyo público suele confundir la ficción con un documental.

La señal de la cruz: una epopeya de sexo y religión

Fue recién en 1932 cuando apareció la primera representación cinematográfica de una gladiatriz en la obra maestra The Sign of the Cross, producción de Paramount dirigida por Cecil B. DeMille. El filme, basado en la novela homónima de Wilson Barrett (1895), ya había sido adaptado en 1904 y 1914, pero la versión de DeMille es la que dejó huella.

La señal de la cruz: la mujer en el Coliseo

La trama se sitúa en la Roma de Nerón, justo después del gran incendio. El emperador busca a los cristianos culpables y los envía a la arena para ser ejecutados. Marcus Superbus, prefecto pagano, se enamora perdidamente de Mercia, una cristiana hija de uno de los presuntos incendiarios. DeMille no se limita a este romance; añade una carga sexual intensa, con escenas de orgías, sadismo, homosexualidad y acoso, que lograron pasar al público sin censura porque el Código de Producción aún no estaba vigente.

La señal de la cruz: una epopeya de sexo y religión

El rodaje costó unos 650 000 USD y se completó en ocho semanas. Fue un éxito de taquilla y obtuvo una nominación al Óscar a Mejor Fotografía para Karl Struss. La escena más recordada muestra a Poppea bañándose en leche de burro, insinuando una relación lésbica que el director sugiere sin mostrar explícitamente.

Lo más relevante para nuestro análisis es que este es el primer filme que muestra mujeres en la arena sin presentarlas como mártires cristianas vírgenes, un arquetipo que había dominado representaciones anteriores. En el minuto 1:29 se observa el desarrollo de un día de espectáculos en la antigua Roma, ofreciendo pistas valiosas sobre la participación femenina en los juegos.

El guion, ambientado en la entrada del anfiteatro, dibuja al romano antiguo como truculento, masoquista y desalmado. El espectáculo comienza con combates de gladiadores y continúa con ejecuciones de elefantes, tigres, cocodrilos y un gorila, además de peleas de boxeo y venatio. Curiosamente, la sangre apenas se muestra; la cámara se detiene en los rostros del público, que expresan miedo, asombro o indiferencia, dejando que la imaginación del espectador complete la escena.

La señal de la cruz: una epopeya de sexo y religión

Las mujeres que aparecen en la arena se agrupan en tres tipos: condenadas a muerte (ateas), gladiatrices y cristianas también destinadas a morir. La escena de las gladiatrices es particularmente chocante: luchan contra pigmeos, tal como relata Estacio en su Silvas I 6, 50‑55. DeMille destruye la imagen heroica de las gladiatrices, presentándolas como salvajes y desaliñadas, lejos de la figura combativa descrita en las fuentes.

La erotización de estas mujeres distorsiona aún más la realidad histórica. En la película aparecen desnudas, atadas y sexualizadas; una es devorada por cocodrilos y otra supuestamente violada por un gorila. Sin embargo, la cámara rara vez muestra el gore; se enfoca en los espectadores y en la iluminación que crea un halo de pureza virginal, con coronas de flores que apenas cubren sus cuerpos.

La señal de la cruz: una epopeya de sexo y religión

DeMille pretendía contrastar la supuesta pureza cristiana con la barbarie pagana, pero recibió críticas de organizaciones cristianas que consideraron que la carga erótica corrompía la historia del cristianismo y podía pervertir el alma del creyente del siglo XX.

En conclusión, la visión del director es una construcción sin fundamento histórico: no refleja ni la realidad de las fuentes sobre la participación femenina, ni la supuesta carga sexual de los combates, ni la desnudez de los cuerpos ejecutados. Como bien se ha señalado, la película es una épica de sexo y religión, más ciencia ficción que documento.

Bibliografía

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Landazuri, M. The Sign of the Cross (consultado el 7/8/2017).

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Solomon, J. (2002). Peplum, the Ancient World on Film. Publishing Alliance.

Zoll, A. (2002). Gladiatrix: The True Story of History's Unknown Woman Warrior. Berkley Boulevard Books.

Enlaces de interés

La novela original

The Sign of the Cross (1914)

Tráiler de The Sign of the Cross (1932)