Esta historia, de Guillermo, participó en el Primer Premio de Relatos Medievales.
El emperador Yung‑Lo
El emperador Yung‑Lo (1360‑1424), tercer soberano de la dinastía Ming, llevó a China a su máximo esplendor mediante su habilidad militar y una serie de reformas civiles de gran alcance.
Iracundo, desconfiado, supersticioso, guerrero y algo paranoico, Yung‑Lo se rebeló contra su propio sobrino en 1399, quemándolo vivo, y se proclamó emperador en 1402 tras dos años de guerra civil.
Dirigió personalmente varias campañas exitosas contra los mongoles, extendiendo la influencia china por Manchuria y el valle del Amur. Recuperó rutas comerciales clave de Asia Central, envió expediciones marítimas al sur (algunos historiadores sostienen que la última alcanzó Madagascar) y ordenó la construcción de la Ciudad Prohibida, trasladando la capital de Nankín a Pekín.
El viaje del emperador
Para gobernar un imperio tan extenso, Yung‑Lo debía ausentarse frecuentemente de la capital. En esta ocasión, decidió dejar bajo el cuidado de su respetado harén al general Kang‑Ping, su principal consejero.
Al regresar, el desconfiado emperador –posiblemente incitado por otro consejero ambicioso– acusó a Kang‑Ping de haber mantenido relaciones con sus concubinas y de planear una rebelión. La pena por traición era, como era de esperar, la muerte.
El gesto del general
Con serenidad y confianza, Kang‑Ping se dirigió al equipaje del emperador, sacó la pequeña caja y la abrió frente a Yung‑Lo.
En su interior había una prueba irrefutable de que la acusación era infundada. Conociendo la naturaleza sospechosa del emperador, el general había tomado una medida extrema para evitar cualquier duda: se había castrado y había colocado su propio pene en la caja, demostrando que nunca podría seducir a sus concubinas.
Consecuencias
Según relata Gregorio Doval en su «Libro de sucesos insólitos», el emperador, conmovido por el sacrificio del general, lo nombró jefe de sus eunucos. Tras la muerte de Yung‑Lo, se erigió un templo en honor a Kang‑Ping, declarándolo protector eterno de todos los eunucos.