Un caso medieval sorprendente
El 10 de enero de 1457, un tribunal de Savigny dictó sentencia contra una cerda y sus seis lechones, acusados de asesinar a Juan Martín. El juez ordenó que la cerda fuera confiscada, torturada y colgada por sus patas traseras. Los lechones, al no probarse su culpabilidad, fueron devueltos a su dueño bajo garantía de restitución si se demostraba lo contrario.
Animales como acusados en la Edad Media y el Siglo XVII
Desde la Baja Edad Media hasta bien entrado el siglo XVII, los tribunales juzgaban no solo a criminales de dos piernas, sino también a bestias de cuatro. Bueyes, burros, cerdos y caballos eran arrestados, encarcelados y sometidos a todos los trámites legales: defensa oficial, recursos, excepciones dilatorias y nulidades, como en cualquier proceso contemporáneo.
Ejemplos curiosos
El abogado francés del siglo XIV Bartolomeo Chassané defendió a un grupo de ratones alegando que no fueron citados debidamente, pues una única notificación en la puerta de la catedral no alcanzaba a los roedores dispersos. Otro caso de 1519 condenó a ratones de Glurns (actual Suiza) a ser expulsados de los campos durante catorce días, salvo que fueran hembras preñadas o crías, a quienes se les concedió una prórroga.
En 1300, en Inglaterra, un tribunal condenó a toda una bandada de cuervos porque no pudo distinguir entre los gritos de los culpables y los inocentes. En Maine, un gato fue encarcelado durante un mes por “cortejar sin autorización” a una gatita. Un perro, cómplice de un ladrón entrenado para robar, recibió solo veinte latigazos por considerarse obediente.
Casos más recientes y extravagantes
En 1948, la revista británica Lilliput relató que dos perros setter irlandeses fueron nombrados herederos de £1 500 en el testamento de un abogado de Los Ángeles; el juez, al no poder interrogar a los canes, anuló la herencia.
Otros ejemplos famosos incluyen a la elefanta Mary, ahorcada, y a Topsy, electrocutada.
Cuando la Iglesia también juzgó
En 1121, San Bernardo de Claraval, frente a una invasión de moscas en la iglesia de Foigny, pronunció: “eas excommunico”. Al día siguiente, los insectos aparecían muertos.
En el siglo XIV, un bosque alemán fue condenado a muerte y quemado por ser “cómplice” de un ladrón que escapó saltando entre los árboles.
Conclusión
Los registros muestran cientos de procesos judiciales contra animales, a menudo motivados por la necesidad de castigar simbólicamente el daño causado y de restablecer el orden social.
Fuente: From the cats of Ancient Egypt to the dogs of 9/11 – Ilustración Priscilla Tey