Historia de Europa

Guía irónica de 10 pasos para el seppuku (no lo intentes en casa)

Japón ha regalado al mundo grandes inventos: el tren bala, el sudoku, los fideos instantáneos o el karaoke. El seppuku, ritual macabro en el que los samuráis se abrían el abdomen para morir, es otro aporte cultural, aunque no tan exclusivo. Ya los centuriones romanos y los guerreros ibéricos tenían sus propias formas de suicidarse en combate. Lo que sí distingue al seppuku es la ceremonia y el rigor del protocolo.

1. La vestimenta

Solo los samuráis podían practicarse el seppuku, y lo hacían con la dignidad que merecía el momento final. El atuendo habitual era un kimono ceremonial, equivalente a un esmoquin para nosotros. El blanco era el color preferido, aunque el tono podía variar según el gusto del fallecido. Además, el seppukista debía aparecer bien aseado y peinado.

2. El lugar

El ritual podía realizarse en cualquier sitio, pero lo más habitual era un templo, la propia vivienda o la celda donde estaba recluido. Los samuráis de alto rango a veces elegían un patio o jardín al aire libre; los de rango menor preferían una habitación interior. Basta con una plataforma simple y un recipiente (o un agujero en el suelo) para depositar la cabeza una vez cortada. Según la posición social, se podían añadir cortinas blancas, tatamis, iluminación tenue y abundante incienso para disimular el olor.

3. El poema de despedida

El seppuku se ejecuta en silencio absoluto, pero el protagonista suele dejar sus últimas palabras por escrito. Un breve epígrafe poético era considerado un gesto de gran elegancia y muchos de los versos más sublimes de la literatura japonesa nacieron como poemas de despedida.

4. Los testigos

Para que el acto fuera legítimo, debía haber testigos que certificaran la muerte. Estos asistentes asistían al ritual con la vestimenta adecuada y una actitud respetuosa.

5. El asistente (kaishaku)

El kaishaku era el ayudante encargado de decapitar al suicida una vez que éste había abierto su abdomen, evitando un sufrimiento innecesario. Normalmente era un amigo elegido por el propio samurái, aunque en ausencia de uno se podía nombrar a un asistente oficial. La habilidad con la espada era imprescindible.

6. La arma

En lugar de la katana, se empleaba una espada corta (kodachi o wakizashi) o, en algunos casos, un tanto. La hoja debía estar bien afilada y, por estética, se presentaba sin guarda ni mango sobre una bandeja de madera. Antes de usarla, el suicida la envolvía en papel o tela para evitar cortarse la mano.

7. La postura

El suicida se sentaba en posición tradicional japonesa sobre una pequeña plataforma, con la espada al alcance. El asistente permanecía detrás, listo para actuar. Tras una reverencia a los testigos, se le quitaba la parte superior del kimono para exponer el torso.

8. El corte

El acto central consiste en introducir la hoja en la zona inferior del abdomen y, con ambas manos, realizar un corte horizontal de izquierda a derecha. Algunos samuráis añadían un segundo corte vertical, formando una “L” o una cruz, aunque no existían normas estrictas sobre la cantidad o dirección de los cortes. Cuantos más cortes, mayor era la demostración de valor, según la tradición.

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Cortes más habituales

9. El golpe de gracia

El momento exacto en que el kaishaku debe decapitar al suicida depende del asistente. En algunos casos, para evitar sufrimiento, la cabeza se cortaba justo después de que el protagonista tomara la espada; en la mayoría, se espera a que el último corte haya debilitado al suicida. El fallecido suele inclinarse ligeramente hacia adelante para facilitar el ángulo del corte. Si no había asistente, el propio samurái podía usar su última fuerza para cortarse la garganta.

10. Recogida y cierre

Una vez eviscerado y decapitado, se retiraba el cuerpo y se limpiaba el escenario. Un sirviente presentaba la cabeza a los testigos, poniendo fin al ritual.

Cada caso podía variar según las circunstancias (por ejemplo, un samurái que huía a caballo no disponía del tiempo ni del entorno para seguir el protocolo). Sin embargo, los diez puntos anteriores constituyen una especie de decálogo tradicional que guiaba a los samuráis que deseaban morir con honor.

Por supuesto, no intentes reproducir este ritual en casa.

Colaboración de R. Ibarzabal

Fuente: Seppuku: A History of Samurai Suicide – Andrew Rankin