Un encuentro inesperado entre Oriente y Occidente
Como muestra la película Lost in Translation, la relación entre japoneses y occidentales está plagada de malentendidos que se pierden en la traducción. Este fenómeno tiene siglos de historia: desde los primeros contactos en la era de los descubrimientos hasta los choques culturales más curiosos.
La llegada del Clove a Japón (1613)
A comienzos del siglo XVII el Pacífico ya era territorio familiar para navegantes castellanos y portugueses. Poco a poco, ingleses y holandeses empezaron a abrirse paso en el comercio colonial, a la sombra del gigante ibérico. En 1613, el capitán John Saris al mando del buque Clove logró lo que nadie había conseguido antes: ser la primera nave inglesa en tocar suelo japonés. Su misión era localizar a William Adams, un inglés que había llegado a Japón años atrás a bordo de un barco holandés y que, gracias a su ingenio, se había convertido en asesor de los primeros shogunes Tokugawa.
El objetivo de la Compañía de las Indias Orientales era establecer una ruta comercial estable entre Inglaterra y Japón, el mítico "Cipango" de las leyendas de Marco Polo.
Recreación moderna del Clove
El desembarco en Hirado
Tras cruzar medio mundo, Saris avistó la costa sur de Japón, concretamente en Hirado, una zona con fuerte presencia extranjera. A diferencia de Nagasaki, donde los jesuitas y los galeones españoles estaban acostumbrados a los europeos, en Hirado los locales mostraban más recelo. Por precaución, los gobernantes obligaron a los británicos a permanecer en la bahía bajo cuarentena, mientras los funcionarios japoneses inspeccionaban la tripulación.
El error de la "Venus"
Un día, el señor de Hirado, Matsuura Shigenobu, visitó el barco acompañado de damas de la corte. El capitán Saris, aficionado a la representación artística del cuerpo femenino, exhibió en su camarote una pintura al óleo de una Venus desnuda y voluptuosa, descrita por él como "en la pose más lasciva".
Venus (estilo de la época)
Al ver la obra, las damas se arrodillaron, se cruzaron y comenzaron a rezar en latín, creyendo que se trataba de una imagen de la Virgen María. El señor Matsuura, más perspicaz, comprendió el malentendido y, tras la visita, regresó al día siguiente con un nuevo grupo de mujeres que, en lugar de rezar, bailaron y cantaron para los visitantes, ofreciendo también servicios más íntimos. En aquel momento, Saris y Matsuura hablaban el mismo idioma: el del intercambio cultural.
Resultados del viaje
Aunque el episodio fue cómico, la misión de Saris tuvo éxito. Gracias a los contactos de William Adams, se obtuvo audiencia con el shogún, quien autorizó la instalación de un puesto comercial inglés. La Compañía de las Indias Orientales pudo abrir su primera sucursal en Japón.
Entre la mercancía transportada se encontraban sedas y presentes para el rey James I, pero el tesoro más valioso fueron cientos de grabados eróticos japoneses, los primeros ejemplos de ukiyoe. Saris los mostró con entusiasmo en Londres, pero la élite puritana de la compañía los consideró escandalosos y los quemó en la hoguera, marcando el fin de la primera incursión del arte japonés en el mercado occidental.
Grabado erótico japonés de la era Edo
Legado
El episodio revela cómo la falta de contexto cultural puede generar situaciones absurdas, pero también muestra el continuo interés occidental por el arte japonés, que siglos después volvería a florecer.
Colaboración de R. Ibarzabal
Fuente: Samurai William: The Englishman who opened Japan – Giles Milton