Campaña Admirable y el Decreto de Guerra a Muerte
Tras la caída de la Primera República de Venezuela, Simón Bolívar emprendió la conocida Campaña Admirable, partiendo el 14 de mayo de 1813 desde Cúcuta, Colombia, con el objetivo de liberar al territorio del dominio español.
Al igual que la Revolución Haitiana, que había expulsado a los franceses mediante una lucha que pasó de clase a racial, los patriotas venezolanos adoptaron una retórica extremadamente xenófoba para justificar la violencia contra los españoles.
La Convención de Cartagena
En enero de 1813, el caudillo venezolano Antonio Nicolás Briceño, junto a otros oficiales patriotas, redactó la “Convención de Cartagena”. Entre sus artículos más controvertidos se encontraba:
Primero: Se admitirían a todos los criollos y extranjeros que quisieran unirse a la expedición, otorgándoles rangos según sus cargos civiles y recompensándolos por su valor.
Segundo: El objetivo principal era “exterminar en Venezuela a la raza española” sin excepción, incluso a los canarios, y excluir a cualquier español de la expedición.
Tercero: Las propiedades de los españoles serían repartidas entre oficiales, soldados y el Estado.
Noveno: Se otorgarían ascensos a quien presentara un número determinado de cabezas de españoles: 20 para portador de bandera, 30 para teniente, 50 para capitán…
Cartagena de Indias, 16 de enero de 1813. Antonio Nicolás Briceño
El Decreto de Guerra a Muerte
Bolívar transformó esa convención en el Decreto de Guerra a Muerte el 15 de junio de 1813, vigente hasta el 26 de noviembre de 1820, cuando el general español Pablo Morillo firmó un armisticio con el libertador.
Durante la campaña, “casi todos los europeos y canarios fueron fusilados”. En febrero de 1814, bajo órdenes de Bolívar, Juan Bautista Arismendi ejecutó a 886 prisioneros españoles en Caracas y, entre el 13 y el 16 de ese mes, sumó más de 500 víctimas en el hospital de La Guaira.
Contexto político
Más allá de su crueldad, el decreto buscaba movilizar el sentimiento nacionalista y presentar la guerra civil venezolana como un conflicto entre dos naciones, en lugar de una rebelión interna. Se justificó como respuesta a los crímenes cometidos por el realista Domingo Monteverde y a la represión en Quito tras el Primer Grito de Independencia (2 de agosto de 1810).
La violencia descrita no debe ser glorificada; constituye una parte oscura de la independencia que dejó huérfanos, viudas y cientos de inocentes.
Fuentes: Wikipedia; Cuno Bonito, Fair (2005). “Ideologías, discursos y violencia en la independencia de Nueva Granada 1810‑1821”.