Historia de Europa

Otokichi: el primer turista japonés de la historia

Contexto histórico

En 1832 el shogunato Tokugawa mantenía una política de aislamiento tan estricta que cualquier japonés que intentara salir del país enfrentaba la pena de muerte. El único contacto permitido con el exterior era a través del puerto de Nagasaki, donde se comerciaba ocasionalmente con holandeses y chinos. Para la mayoría de los japoneses, el mundo más allá de sus islas simplemente no existía.

El naufragio y la odisea

Otokichi, un joven de apenas 14 años que trabajaba como grumete en una pequeña embarcación de unos 15 m, navegaba entre Nagoya y Edo transportando arroz y porcelana. En otoño, una tormenta violenta hizo que el barco quedara a la deriva en medio del Pacífico. La tripulación se vio obligada a alimentarse del arroz a bordo, pero la escorbuta pronto empezó a diezmar al grupo. Tras semanas y meses, solo sobrevivieron Otokichi y dos compañeros, Iwakichi y Kyukichi.

Captura y rescate

Después de más de un año a la deriva, avistaron tierra: la costa que hoy separa Estados Unidos de Canadá. Sin saberlo, fueron los primeros japoneses en pisar América. Sin embargo, fueron capturados por los indígenas makah, que los esclavizaron. La noticia llegó al capitán de la guarnición inglesa de la zona, McLoughlin, quien pensó que los prisioneros eran chinos y podrían ser útiles para futuros negocios. Tras varios intentos fallidos de negociación, McLoughlin logró liberarlos y los llevó a Vancouver.

Otokichi: el primer turista japonés de la historia

Monumento a los tres náufragos en Vancouver

Viaje a Londres

Los jóvenes, que apenas conocían su propia aldea, quedaron asombrados por la cultura occidental. Aprendieron inglés bajo la tutela de un sacerdote local y, en 1834, embarcaron hacia Londres, pasando por Hawái y bordeando la Antártida. Llegaron a la capital británica siete meses después.

Otokichi: el primer turista japonés de la historia

Otokichi en Londres

Regreso y vida en el extranjero

A los 16 años, Otokichi había recorrido más que los relatos de Sinbad. En Londres esperaban que sirviera como intermediario diplomático, pero el gobierno británico no estaba interesado. Tras una breve visita, lo enviaron de regreso, esta vez a Macao. Allí perfeccionó su chino e inglés, convirtiéndose en un traductor fluido.

En 1837 el barco mercante estadounidense The Morrison llegó a Macao con varios náufragos japoneses. Otokichi se unió a la tripulación, pero los intentos de repatriación fueron rechazados por el shogunato, que disparó cañones contra los barcos extranjeros. Después de cinco años de viajes sin fin, la suerte de Otokichi cambió.

Otokichi: el primer turista japonés de la historia

The Morrison

No se sabe qué ocurrió con Iwakichi y Kyukichi, pero Otokichi decidió quedarse en el extranjero. Se estableció en Shanghái, donde, gracias a su dominio de varios idiomas, trabajó para compañías inglesas, se casó dos veces y se naturalizó británico bajo el nombre de James Matthew Ottoson, una adaptación de su apodo “Oto‑san”. Según la legislación japonesa de la época, habría merecido varias sentencias de muerte, pero nadie volvió a buscarlo.

Otokichi: el primer turista japonés de la historia

Otokichi

Regreso a Japón como intérprete

En 1854, cuando Inglaterra buscaba abrir el comercio con Japón siguiendo el ejemplo estadounidense, Otokichi se convirtió en intérprete oficial de la delegación británica. Su papel fue clave en las negociaciones del Tratado de Kanagawa. El gobierno japonés, impresionado, le ofreció un alto cargo a su regreso, pero él lo rechazó: no quería servir al país que lo había castigado.

Después de concluir sus misiones diplomáticas, se retiró a Singapur, donde vivió cómodamente gracias a una pensión del gobierno británico. El niño que había desaparecido en el Pacífico se había convertido en el “Odiseo del Pacífico Sur”.

Legado

La vida de Otokichi muestra cómo, incluso bajo los regímenes más aislacionistas, la curiosidad y la adaptabilidad pueden romper barreras. Su historia, recopilada por R. Ibarzabal y basada en obras como Native American in the Land of the Shogun de Frederik L. Schodt, sigue inspirando a quienes creen en la fuerza del encuentro cultural.